GUARDADO DE LA TENTACI

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Texto bíblico tomado de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional. © 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional

Traducido por Carmen E. Álvarez


Está por llegar al mundo entero la “hora de tentación”. Yo frecuentemente me refiero a éste periodo como “la era de horrores morales”.

Hoy en día hay mucha plática en los círculos Cristianos sobre la “gran tribulación”. Esto se debe, claro, a que el pueblo de Dios no quiere sufrir. Pero el peligro que tiene el Cristiano no es el que pase sufrimientos, ya que somos perfeccionados por medio del sufrimiento; el peligro está en que el Cristiano pase tentaciones.

Satanás no tiene suficiente poder como para separar al santo de Dios. Cristo conserva todo poder. Satanás utiliza la tentación y el engaño. Logra que caigamos seduciéndonos a alejarnos de Dios.

La abundancia de tentaciones es el peligro de la era a la que estamos entrando.


GUARDADO DE LA TENTACIÓN

Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardaré de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra. (Apocalipsis 3:10NVI)

Según se utiliza en el Nuevo Testamento, el término Griego traducido “poner a prueba” tiene varios significados. Puede referirse a pasar por cualquier tipo de prueba o a ser cernido, con la idea de que estamos siendo probados para ver lo que haremos o lo que podemos ser provocados o seducidos a hacer.

Yo creo que el significado de Apocalipsis 3:10 (arriba) hace hincapié en ser seducidos, en ser alejados de la conducta justa y recta. Deduzco esto de los siguientes versículos:

Habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo. (Mateo 24:12,13—NVI)

Cuando consideramos éste último pasaje vemos que se está refiriendo a Cristianos, porque la gente bajo consideración en algún tiempo había amado a Cristo.

También podemos ver que el tema a tratar no es la tribulación sino el sufrimiento. Se trata de “la maldad”. Por ello es que yo me refiero al periodo que se aproxima como “la era de horrores morales.”

Quizá podamos observar por la historia del mundo que la persecución y el sufrimiento sirven para fortalecer a los santos verdaderos. El problema se suscita cuando hay mucha maldad, cuando hay la pronta disponibilidad de pecado moral.

La táctica del Anticristo en los últimos días incluye la persecución y el sufrimiento, pero estos solo refinarán a los santos verdaderos.

Muchos serán purificados y perfeccionados, y quedarán limpios, pero los malvados seguirán en su maldad. Ninguno de ellos entenderá nada, pero los sabios lo entenderán todo. (Daniel 12:10NVI)

Si estoy en lo correcto, habrá en el futuro cercano un avivamiento mundial sin precedente. En ese tiempo quizá suceda que la mayoría de la gente del mundo hará una profesión de fe en Cristo.

Pero, como siempre sucede después de un gran avivamiento, habrá un periodo de enfriamiento. Será durante el periodo de enfriamiento que el Anticristo obtendrá su poder reclutando el apoyo de la gente que cree en Dios. Los nuevos creyentes serán encantados por la aparente simpatía del Anticristo.

Los Cristianos bajarán la guardia. La depravación moral surgirá a un grado jamás antes visto en la tierra. Se enfriará el amor de la mayoría de aquellos que habían profesado fe en Cristo. Sólo un remanente santo permanecerá y estará listo para recibir a Cristo a Su regreso.

El creyente sincero se preguntará a sí mismo, “¿Cómo puedo estar seguro de que seré guardado de ser alejado por la tentación moral?”

Quizá podamos darnos cuenta de que hasta en esta época actual algunos pastores y creyentes están siendo seducidos por la pornografía, especialmente la que se encuentra en el Internet. No tenemos la suficiente fuerza espiritual para mantenernos firmes cuando la lujuria física se nos presenta tan gráficamente.

Esta es la razón por la que el Señor Jesús nos garantizó Su protección.

Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardaré de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra. (Apocalipsis 3:10NVI)

Este versículo es usado por los que creen en la gran Dispensa para probar que los creyentes en Cristo no estarán presentes sobre la tierra durante la “gran tribulación”.

Quitémonos de éste error antes de proceder.

Cuando Pablo estaba instruyendo a los creyentes Tesalonicenses, él les hizo saber que notaba lo mucho que sufrían, y luego les prometió que tendrían descanso cuando el Señor regresara a destruir al Anticristo, no que tendrían descanso siendo quitados de la tierra, sino que tendrían descanso por la venganza de Dios sobre el Anticristo y la gente mala.

Dios, que es justo, pagará con sufrimiento a quienes los hacen sufrir a ustedes. Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles, para castigar a los que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús. (2 Tesalonicenses 1:6-8NVI)

La declaración anterior es tan clara que quienes buscan la verdad indudablemente son convencidos. En cuanto a los demás, están segados a la verdad y no podrían percibir lo que está claramente escrito sin importar cuántas Escrituras se les presenten.

Regresemos a nuestro versículo.

Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardaré de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra. (Apocalipsis 3:10NVI)

Observa que la promesa de ser guardado está dirigido a quienes han “guardado mi mandato de ser constante”.

Nuevamente:

Pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo. (Mateo 24:13NVI)

¿Salvo de qué? Salvo de perder su amor por Cristo como resultado de la abundancia de maldad.

En Apocalipsis 3:10, el verbo traducido “has guardado” es la misma palabra Griega traducida “Yo por mi parte te guardaré”. La palabra significa vigilar, cuidar. Frecuentemente también es usada en referencia a obedecer los mandamientos de Cristo.

El concepto es que si estamos dispuestos a guardar el mandamiento de Cristo de permanecer firmes durante el transcurso del periodo de tentación, entonces Cristo nos guardará de perder nuestro amor por Él.

Muchos de mis lectores, ya en el pasado, habrán recibido a Cristo. Son salvos por su fe en la sangre expiatoria de Jesucristo derramada en la cruz del Calvario. Por medio de la sangre tienen la autoridad de acercarse a Dios.

Muchos también habrán orado hasta ser ungidos con el Espíritu Santo, probablemente rindiendo sus vidas hasta poder hablar en lenguas.

Estas dos experiencias son de Dios. Pero no son lo suficientemente fuertes para garantizar nuestra seguridad durante la era de horrores morales, la época en que aumentará la maldad y la injusticia.

Hoy en día podemos observar que están cayendo en tentación numerosas personas que han recibido a Cristo y que también hablan en lenguas. Estas personas no son lo suficientemente fuertes para permanecer firmes cuando la oportunidad de pecar es tan grande. Ellas están siendo vencidas por las atracciones del mundo y por lo que el mundo les garantiza, por las lujurias y las pasiones de sus cuerpos, y por su ambición personal.

Dios ha hecho una provisión para que seamos protegidos durante los peligrosos, pero increíblemente maravillosos, días de cierre de la Era de la Iglesia. La provisión de Dios no es quitar a gente inmadura y llevársela al Cielo. Es más bien que los creyentes lleguen a la madurez y llenarlos con Su Presencia hasta que sean más que vencedores sin importar qué tan llena esté la tierra de pecado.

La provisión de Dios tiene que ver con mantenernos firmes y, como consecuencia, mantenernos con la protección que el Señor ha prometido.

Hemos sido salvos por medio de la sangre. Hemos recibido al Espíritu Santo. Ahora es hora de que el Padre y el Hijo entren a nosotros de una manera que exceda lo que hemos concebido que sucedería durante la Era de la Iglesia.

Tres veces al año todos tus varones se presentarán ante el SEÑOR tu Dios, en el lugar que él elija, para celebrar las fiestas de los Panes sin levadura, de las Semanas y de las Enramadas. Nadie se presentará ante el SEÑOR con las manos vacías. (Deuteronomio 16:16NVI)

Existen tres grandes obras de la gracia bajo el pacto nuevo.

Existe la salvación por medio de la sangre derramada sobre la cruz, que corresponde con la Pascua.

Existe la habilitación del Espíritu de Dios, que corresponde con Pentecostés.

Existe la venida del Padre y del Hijo a morar en el creyente, que corresponde a Enramadas.

Le contestó Jesús:—El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él. (Juan 14:23NVI)

He escrito mucho sobre el cumplimiento espiritual de la fiesta Judía de Enramadas. El aspecto que deseo enfatizar en éste ensayo es el papel que tiene nuestra voluntad conforme entramos a la tercera gran obra de la gracia Divina.

Cuando somos salvos y llenos con el Espíritu Santo en realidad nuestra voluntad no ha sido demasiado afectada. Todavía estamos en aguas hasta las rodillas. Todavía podemos agitarnos según nuestra voluntad.

Si estamos familiarizados con las iglesias Cristianas quizá hayamos notado que hay una gran cantidad de terquedad, de búsqueda de preeminencia, de división, de ambición personal, de celos y de envidia. Se exhiben todas las características de la personalidad egocéntrica. Los líderes a veces se vanaglorian a sí mismos, buscando obviamente su propia gloria.

A lo que quiero llegar es que la salvación básica y el bautismo con el Espíritu Santo no son suficientes para tratar con la obstinación que predomina en las iglesias Cristianas.

La característica central de Satanás, del Anticristo, y del Falso Profeta es la obstinación. Todos los demás pecados surgen de la obstinación.

Satanás quiere ser como Dios pero sin dejar de hacer su propia voluntad.

Satanás sedujo a Eva para que ejerciera su voluntad en contra de Dios.

El primer pecado no fue la inmoralidad, el asesinato, ni la codicia. El primer pecado fue la desobediencia.

El primer castigo no fue la entrada al Infierno, sino la muerte. Esto se debe a que la obstinación nos separa de Dios.

Las iglesias Cristianas de nuestro día están llenas de obstinación.

En Norteamérica en el reino secular, se glorifica la obstinación, la fuerza de voluntad. Los derechos del individuo son elevados por encima de los derechos de la sociedad que funciona como unidad. Esto es el Anticristo.

Nosotros no podemos permanecer firmes con Jesucristo a excepción de que estemos dispuestos a permitirle al Señor que crucifique nuestra voluntad propia. Nuestra cruz personal es la que nos guardará de ser engañados por la maldad de los últimos días. Jesús nos guardará de ser engañados si estamos de acuerdo en soportar pacientemente nuestra cruz. Si la soportamos fielmente, nuestra cruz destruirá nuestra voluntad propia.

Hemos sido salvos. Hemos sido llenos con el Espíritu. Ahora debemos regresar al Señor. Dios no está requiriendo de la mayoría de nosotros que intentemos salvar a las naciones de la tierra. Lo que Dios está buscando en nuestra época son creyentes que se vuelvan a Él para permitirle que trate con la mundanería, la lujuria, y el egoísmo en sus personalidades.

Los siete utensilios del Tabernáculo de la Congregación simbolizan nuestro crecimiento en Cristo, comenzando con el Altar del Sacrificio y terminando con el Propiciatorio.

Cuando estamos en Pentecostés estamos en el lugar del Candelabro de oro. El Candelabro era el cuarto utensilio. El Candelabro era el más decorado de los siete utensilios de la Tienda de Reunión y alumbraba la Mesa de oro puro para las tortas de pan y el Altar del Incienso. Así sucede con Pentecostés que es hermoso e ilumina los demás aspectos de los tratos de Dios con nosotros.

Los que estamos en Pentecostés estamos ante el Candelabro.

El siguiente utensilio, el que sigue al Candelabro conforme nos acercamos al Velo, era el Altar del Incienso. El Altar del Incienso, el quinto utensilio, era la última parada antes de pasar por el Velo hacia la Presencia misma de Dios.

El cumplimiento espiritual del Altar del Incienso se caracteriza por la copa de sufrimiento. Aquí es donde nos agachamos a la muerte de nuestra voluntad propia. Aquí es donde clamamos “Más no se haga mi voluntad sino la tuya” y bebemos la copa de la obediencia total a la voluntad de Dios.

Nuestra experiencia Pentecostés nos fortalece para que podamos mantener nuestro cuerpo como sacrificio vivo a Dios en cumplimiento al Altar del Incienso.

Una analogía de nuestra muerte a nosotros mismos es el Río Jordán. Ahí debemos morir a toda nuestra ambición personal antes de comenzar la conquista de la tierra prometida.

Sin embargo, otra analogía de nuestra muerte a nosotros mismos es el Día Judío del Día del Perdón o el Día de Reconciliación. Somos reconciliados a Dios sometiéndonos a Su perfecta voluntad en todos los aspectos de nuestra personalidad y conducta. El Día del Perdón es un periodo de guerra conforme Dios se enfrenta a todo lo que hay en nuestra personalidad que no está en armonía con Su voluntad.

¡Pentecostés es tan atractivo! La obra del Espíritu atrae a la gente, ¡y aquí nos tienes!

Ahora tenemos ante nosotros la muerte.

Será en el tema del sufrimiento y de la muerte a uno mismo en el que el movimiento carismático actual será dividido. Un remanente seguirá el camino de la cruz. La mayoría buscará seguir avanzando bajo su propia guía e intentará usar sus dones espirituales para salvar el mundo. Tales personas son muy impacientes con las preocupaciones subjetivas y los retorcijones sobre la cruz de aquellos que han regresado a Cristo, y hasta los difaman. Estas difamaciones son parte de los sufrimientos de Cristo que el remanente soportará.

Pero la mayoría seguirá adelante, regocijándose porque algunos líderes de gobierno se están uniendo a ellos. El Anticristo sacará provecho del egocentrismo de los Cristianos. Los Cristianos obstinados apoyarán el sistema del Anticristo, volviéndose así el Falso Profeta.

Aunque yo creo que tanto el Anticristo como el Falso Profeta serán personificados por individuos en particular, el espíritu del Anticristo y el espíritu del Falso Profeta habitan en el corazón de la persona obstinada.

El Anticristo es la voluntad propia en el reino político. El Falso Profeta es la voluntad propia en el reino religioso. En el futuro los dos unirán sus fuerzas.

Los Fariseos, los sacerdotes, los escribas, y los ancianos de la época de Jesús eran obstinados. Ellos no asesinaron a Cristo porque quisieran dar rienda suelta a las lujurias de su carne sino porque tenían envidia. En su envidia no dudaron en utilizar los servicios del que anteriormente había sido representante del sistema del Anticristo, Poncio Pilato.

En los últimos días gente religiosa obstinada se unirá a gente secular obstinada. Yo creo que en algunos casos los Cristianos obstinados se unirán con las fuerzas del Anticristo para echar fuera al remanente de las ciudades principales de la tierra, despreciándolos y persiguiéndolos. ¡Ha sucedido anteriormente en la historia!

El Falso Profeta es el que fortalece y ayuda al Anticristo y lo lleva a la cúspide del poder. Pero a final de cuentas lo secular destruirá lo religioso.

Los diez cuernos y la bestia que has visto le cobrarán odio a la prostituta. Causarán su ruina y la dejarán desnuda; devorarán su cuerpo y la destruirán con fuego, (Apocalipsis 17:16—NVI)

El tema principal del cumplimiento espiritual de la fiesta de Enramadas, comparada con las primeras dos obras de la gracia, es nuestra voluntad, nuestra obediencia a Dios Padre.

El Reino de Dios es que se haga la voluntad de Dios en la tierra así como en el Cielo.

Cuando recibimos por primera vez a Cristo nuestra personalidad carnal queda intacta.

Como podemos observar por el comportamiento de gente Pentecostés, también cuando somos bautizados con el Espíritu Santo nuestra personalidad carnal permanece intacta,

Ahora Dios está listo para cambiar nuestra personalidad carnal. ¿Cómo lo logra? Haciendo que a nuestra vida lleguen numerosas situaciones que echan abajo nuestra voluntad propia y ambición personal. Dios quita el tapete que tenemos debajo de nuestros pies hasta que logramos salir del desierto del juicio apoyados sólo en nuestro Amado.

Nosotros los Cristianos no siempre estamos concientes de que nuestro sufrimiento es el resultado del juicio de Dios sobre nuestra personalidad. Si queremos ser merecedores del Reino de Dios debemos someternos pacientemente a nuestros sufrimientos, volviéndonos siempre hacia Dios para recibir Su ayuda.

Así que nos sentimos orgullosos de ustedes ante las iglesias de Dios por la perseverancia y la fe que muestran al soportar toda clase de persecuciones y sufrimientos. Todo esto prueba que el juicio de Dios es justo, y por tanto él los considera dignos de su reino, por el cual están sufriendo. (2 Tesalonicenses 1:4,5—NVI)

Cuando nos sintamos frustrados, adoloridos, atacados o noqueados de alguna manera, no debemos quejarnos ni culpar a Dios, a la gente, ni al diablo. Debemos permanecer fielmente y pacientemente ante Dios, siguiendo con nuestra adoración a Dios y haciéndole saber nuestros deseos.

¡El sufrimiento es de tanta bendición si lo usamos para que nos acerque a Cristo! Antes de sufrir somos descuidados e insensatos. Bajamos nuestra guardia espiritual. Tenemos conversaciones frívolas. No somos aptos para la Presencia de Dios. Luego nos cae encima la calamidad y nos volvemos a Dios en lugar de ceder al temor y de culpar a los demás. Cuán sinceras se vuelven nuestras oraciones, cuán puras, cuán fuertes, ¡cuán fervientes!

El propósito de nuestro sufrimiento es purificarnos del pecado, dirigirnos a Dios en la oración. A través de éste sufrimiento es como somos presionados hacia Dios. Si aceptamos el sufrimiento correctamente entonces nuestra voluntad propia, ese enemigo supremo de Dios, es crucificado. Entonces podemos encontrar paz y santidad.

Cada vez que se te presente un desastre o un problema de cualquier tipo, ¡ora! ¡Sigue orando! Usa tu dificultad para que te conduzca a Cristo.

Dios tiene un gran trono en el Cielo donde se hace Su voluntad. Pero los ángeles, guiados por Satanás, se rebelaron en contra de Dios. En ese momento Dios acusó a Sus ángeles de su error y concibió un plan tremendo. El plan de Dios incluye poner a Su nueva criatura, al hombre, a cargo de Su creación.

Pero Dios tuvo que ir un paso más adelante. Si Él le asignara toda autoridad en los cielos y sobre la tierra al hombre, habría un obvio peligro de que el hombre cayera por culpa del orgullo y de la desobediencia. Se volvería otro Satanás. Además, Dios no está dispuesto a entregar Su gloria a ningún otro.

Por lo tanto, como parte de Su plan de poner al hombre en control de Su creación, Dios creó un cuarto con un trono en cada individuo. Dios está en el proceso de mudar Su trono del Cielo a los corazones de Sus hijos. Entonces los hijos serán parte de Él mismo por medio de Jesucristo. Ellos no serán algo separado de Dios, así que cuando Dios les dé la autoridad y el poder se la estará dando a Sí mismo. Él no va a entregar Su gloria a ningún otro.

La salvación básica incluye ser perdonados por medio de la expiación hecha por Cristo Jesús. Esto no cambia lo que somos y nosotros seguiríamos en el trono de nuestra propia personalidad.

El bautizo del Espíritu Santo incluye la Presencia del Espíritu de Dios sobre nosotros y en nosotros. Sin embargo, esto no cambia nuestra motivación ya que todavía estamos sobre el trono de nuestra propia personalidad. Aquí es donde se encuentra la gente Pentecostés de hoy en día.

Ahora Dios nos está preguntando si le permitiremos la entrada a la habitación en nuestra personalidad donde se encuentra el trono; quiere saber si bajaremos del trono para permitirles al Padre y al Hijo que tomen Su lugar como el origen de nuestra voluntad y de nuestros motivos.

Ya que la esencia del ser humano es su voluntad, podemos ver que Dios está pidiendo nada menor a que rindamos el derecho a que seamos nosotros mismos. Dios está requiriendo que entremos a la misma comunión con Jesucristo que Jesucristo tiene con el Padre.

Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, también el que come de mí, vivirá por mí. (Juan 6:57—NVI)
Para que todos sean uno, Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. (Juan 17:21NVI)
He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. (Gálatas 2:20
NVI)

El mensaje a la iglesia de Laodicea quizá sea especialmente para los días de cierre de la Era de la Iglesia. El Señor tenía muy poco de qué felicitar a esta iglesia. Parece ser que la iglesia estaba en términos amigables con el gobierno puesto que se había vuelto rica y ya no necesitaba de nada. Los creyentes eran espiritualmente tibios y carecían de conocimiento y rectitud.

Sin embargo, a este grupo apático se le dio la suprema invitación:

Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo. Al que salga vencedor le daré el derecho de sentarse conmigo en mi trono, como también yo vencí y me senté con mi Padre en su trono. (Apocalipsis 3:20, 21NVI)

El Señor Jesús está a la puerta de los creyentes en nuestro día. Está pidiendo la entrada a nuestras personalidades.

Si lo escuchamos llamando a la puerta debemos abrir la puerta de nuestro corazón. Si lo hacemos Él entrará y cenará con nosotros y nosotros con Él. Él cena de la adoración y obediencia de nuestra personalidad. Nosotros comemos de Su cuerpo y bebemos de Su sangre. Este continuo comer y beber juntos con Él es lo que nos lleva a la unión intensa y ardiente que caracteriza el cumplimiento espiritual de la fiesta Judía de las Enramadas, la tercera gran plataforma de la gracia Divina.

Conforme seguimos viviendo en unión con Él, venciendo todo lo que nos acercaría a intereses más externos—aun intereses religiosos—obtenemos el derecho de sentarnos con Cristo en Su trono.

¿Dónde se encuentra el trono de Cristo? Se encuentra en el Cielo a la derecha de Dios. También se encuentra en nuestro corazón.

Cristo Jesús también logró vencer. Él está sentado con Su Padre en Su gran trono en el Cielo, y nosotros estamos ahí con Él.

Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, (Efesios 2:6—NVI)

Pero quizá más importante es que el Padre también se encuentra sobre el trono del corazón de Cristo. Cristo está sentado con el Padre en el trono de Su propio corazón.

Aunque al principio debemos quitarnos del trono de nuestra personalidad para que Cristo y el Padre puedan gobernar ahí sin conflicto, llegará el día, si somos fieles en vencer todo lo que llegue en contra de nosotros, en que seremos invitados a regresar al trono de nuestro propio corazón para gobernar ahí con el Padre y el Hijo.

Así es como interpreto el versículo anterior (Efesios 2:6).

Es importante que estemos sentados con Cristo en los cielos a la derecha de Dios. Pero es aun más importante que Dios y Cristo estén gobernando desde nuestro interior y nosotros junto con Ellos.

El Cielo es el Trono de Dios Todopoderoso, pero el Trono va a venir a la tierra para residir eternamente en Jerusalén.

En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: “Trono del SEÑOR”. Todas las naciones se reunirán en Jerusalén para honrar el nombre del SEÑOR, y ya no volverán a obedecer ciegamente a su malvado corazón. (Jeremías 3:17NVI)

Nuevamente:

Ya no habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad. Sus siervos lo adorarán; (Apocalipsis 22:3—NVI)

¿Puedes ver la enormidad de lo que está siendo sugerido en los dos versículos anteriores? La nueva Jerusalén será el Trono de Dios Todopoderoso.

Ya que la nueva Jerusalén es la Iglesia Cristiana glorificada, estamos diciendo que la Iglesia Cristiana está destinada a volverse el Trono de Dios. Y ya que el nombre de la ciudad santa está grabado en cada vencedor, entonces cada vencedor será una parte integral del Trono del Dios viviente.

Después del perdón logrado por la sangre del Señor Jesús y después de Su triunfante resurrección, quizá sea cierto que el concepto más grandioso que se encuentra en las Escrituras es la de la transferencia del Trono mismo de Dios encontrado en el Cielo a los corazones de la gente. Ningún concepto mayor, ni ninguna proclamación mayor, podría ser emitido.

¡Simplemente piensa! El Dios viviente morará entre Sus criaturas, entre la gente de las naciones salvas de la tierra. La gente ya no estará orando a un Dios invisible que se encuentra en algún lugar en los cielos. Dios estará sobre la tierra donde podrá ser encontrado en los miembros del Su real sacerdocio.

Esta es la razón por la que cada miembro de los elegidos de Dios es tratado con tanta rigurosidad día tras día, día tras día. Se debe a que estamos siendo preparados para ser Emanuel, la Presencia de Dios, entre la gente. Estamos siendo hechos el Trono de Dios. Su voluntad será personificada en nosotros porque seremos Su Reino.

En mi opinión la transferencia del Trono de Dios del Cielo a los corazones de Sus santos victoriosos sucederá cuando llegue la mayor oscuridad espiritual que la tierra jamás haya conocido. Será cuando la oscuridad haya cubierto la tierra y la más dense oscuridad a la gente para que la Gloria de Dios surja en Sus santos.

En el Monte Sión, es decir, en el remanente de santos guerreros, habrá liberación durante las oscuras horas del gobierno del Anticristo. El Anticristo tendrá la autoridad para alcanzar a los cielos y sacudir las fuerzas que se encuentran ahí, así que es absolutamente necesario que una autoridad y un poder mayores sean emitidos a los santos. De otra manera no podríamos vencer el enorme peso espiritual de las tinieblas y de maldad que pronto cubrirán la tierra.

El agua de la vida eterna siempre fluye desde el Trono de Dios, de ninguna otra parte.

La entrada del Trono de Dios a las personalidades de los santos victoriosos es el Reino de Dios y el cumplimiento espiritual de la fiesta Judía de Enramadas.

Cuando el Reino de Dios llega a la tierra la voluntad de Dios se hace sobre la tierra. Esta es la razón por la que si queremos avanzar más allá de la experiencia de Pentecostés hacia la experiencia de Enramadas debemos hacer de Jesús el Señor absoluto de nuestra vida. Lo hemos recibido como nuestro Salvador. Ahora debemos recibirlo como nuestro Señor.

El más grandioso Rey de todos está ante la puerta de los santos. Él es el Señor de Gloria, el Señor fuerte y poderoso en batalla en contra de todos los que se opongan a la voluntad de Su Padre. Cuando el Padre haya logrado que todo esté sometido a Cristo, entonces Cristo mismo estará sometido al Padre para que Dios pueda ser Todo en todo.

Así que el llamado que se escucha es: “Abre las puertas de tu corazón y permite que entre el Señor”. Has sido salvado por medio de la sangre, has sido llenado con el Espíritu de Dios. Ahora es tiempo de permitirles al Padre y al Hijo que hagan Su morada eterna en ti.

La tierra le pertenece al Señor con todos sus recursos y con todos los que moran sobre la tierra. Dios se alejó de la tierra por la desobediencia de Adán y Eva. Dios regresará a la tierra cuando Sus hijos Lo obedezcan. Luego Él vengará toda desobediencia.

¿Serás uno de los que está dispuesto a rendir su derecho de ser sí mismo para que Cristo pueda hacerte parte de Él? Esta es la única manera en que podrás pasar de Pentecostés a Enramadas.

Si insistes en permanecer en Pentecostés para que puedas conservar tu derecho de servir a Cristo bajo tus propios términos, estarás en claro peligro de ser engañado durante la era de horrores morales. Cristo no te guardará de la decepción porque no has estado dispuesto a guardar pacientemente Su Palabra. Has decidido seguir tu propia religiosidad.

¿Por qué no desistir de hacer tus propias obras religiosas muertas y entrar al reposo de Dios? Benditos los que mueren en el Señor desde este momento en adelante. Podrás descansar de tus propias obras mientras que las obras poderosas de Cristo en ti te acompañarán a través de la oscuridad que está por llegar.

Eleven, puertas, sus dinteles; levántense, puertas antiguas, que va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es este Rey de la gloria? El SEÑOR, fuerte y valiente, el SEÑOR, el valiente guerrero. Eleven, puertas, sus dinteles; levántense, puertas antiguas, que va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es este Rey de la gloria? Es el SEÑOR Todopoderoso; ¡él es el Rey de la gloria! Selah (Salmos 24:7-10NVI)

(“Guardado de la Tentación”, 4124-1)

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