EJERCER LA FE

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Texto bíblico tomado de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional © 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional. Todos los Derechos Reservados

Traducido por Carmen Álvarez


Ningún término es más conocido para el Cristiano que el término fe. La fe se usa en asociación con la sanidad Divina, con la necesidad económica y con el éxito para vivir la vida Cristiana. Es importante para nosotros comprender la diferencia entre la fe mental y la fe de las Escrituras y entender cómo aplicar la fe de las Escrituras en nuestra hora de necesidad.


Índice

Introducción
Confianza
Paciencia, Constancia, Perseverancia
Lo que significa “vivir por la fe”
Vivir por la fe es enfocarse en lo invisible
La fe como la base del servicio religioso aceptable
Ejercer la fe es buscar a Dios
La fe y el temor del Señor
La fe y la búsqueda
La fe y la obediencia
Los héroes de la fe
Isaac
Jacob
José
Moisés
Israel
Las murallas de Jericó
Rajab
Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel, los profetas
Nos había preparado algo mejor


Introducción

Ningún término es más conocido para el Cristiano que el término fe. La fe se usa en asociación con la sanidad Divina, con la necesidad económica y con el éxito para vivir la vida Cristiana. Es importante para nosotros comprender la diferencia entre la fe mental y la fe de las Escrituras y entender cómo aplicar la fe de las Escrituras en nuestra hora de necesidad.

Cuando pensamos en la “fe” lo más común es que pensemos en un tipo de magia. “Si yo tuviera fe podría mover mi montaña, o podría curarme, o podría obtener más dinero, o podría obrar algún otro milagro”.

A veces hemos intentado un tipo de fe mental. “¡Yo lo creo! ¡Yo lo creo! ¡Yo lo creo!” Luego entreabrimos los ojos para ver si la protuberancia ha desaparecido.

Ha existido una enseñanza sobre “la palabra de fe” mediante la cual con energía creativa podemos liberar y arreglar nuestro medio ambiente a nuestro antojo. Esto es tener fe en la fe en lugar de tener fe en el Señor Jesús. En realidad, según lo vemos nosotros, ésta es una práctica metafísica y no tiene nada de Cristiana.

También ha existido la enseñanza de que la fe es simplemente tener confianza en lo que hemos experimentado. “Si me siento en la silla tengo la fe de que me soportará”

La fe frecuentemente se puede confundir con presunción. “Si rompo mis lentes, Dios sanará mis ojos. Si cambio un cheque sin tener fondos en el banco, Dios depositará el dinero. Si me niego a tomar mi medicina, Dios me sanará.” Si has intentado alguno de estos ejemplos, lo sentimos mucho por ti, aunque estamos seguros de que ahora eres una persona más sabia—¡si es que sobreviviste y no estás en prisión!

Existe un concepto moderno de que la fe es una fuerza espiritual que nosotros podemos usar para manipular nuestro entorno; que podemos aprender a usar la fe para obtener lo que queremos; que podemos darles órdenes a los ángeles. Este es el espíritu del engaño religioso que tiene “dos cuernos como de cordero” y que habla “como dragón” (Apocalipsis 13:11). Esto es como intentar utilizar el poder (los cuernos) de Cristo (el Cordero) sin entrar en la muerte y en la resurrección de Cristo. Es como preferir estar soltero espiritualmente y de todos modos tratar de retirar de los fondos bancarios de Cristo.

Quizá el uso más común para la palabra fe es para referirnos a una posición doctrinal o a una afiliación religiosa: la fe Católica, la fe Episcopal, la fe Pentecostés. “El justo vivirá por la fe” (a veces refiriéndose a la fe doctrinal) fue el clamor de los Reformadores Protestantes. Sin embargo, la fe doctrinal no es la “fe” de las Escrituras, ni del capítulo once del Libro de Hebreos. “El justo vivirá por la fe” tiene poco que ver con una confesión de fe en hechos teológicos.

Existe un “don de fe” que el Espíritu Santo les da a algunos Cristianos. Aparentemente Smith-Wigglesworth de Inglaterra poseía el don de la fe. En este folleto no nos estaremos refiriendo al don de la fe.

A veces Dios nos da una fe especial para una necesidad en particular. Esa fe extraordinaria es muy diferente de “tratar de creer”, como sabe toda persona que ha experimentado un don especial de fe para resolver algún problema.

El Apóstol nos ordena a no ir más allá de la confianza misma que Dios nos ha dado.

Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino mas bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado. (Romanos 12:3—NVI)

Dios es quien le da a un individuo cierta cantidad de fe y a otro individuo un grado diferente de fe. Nosotros debemos utilizar la fe que tenemos pero no debemos intentar forzar los resultados cuando no tenemos suficiente fe dada por Dios para lograr nuestros objetivos.

Debemos aprender a distinguir entre lo que nosotros como personas podemos hacer y lo que sólo Dios puede hacer.

Cuando estamos enfermos se nos ordena llamar a los ancianos, a los líderes de la iglesia. Esto lo podemos hacer. Sólo Dios puede sanarnos, pero a nosotros se nos ordena llamar a los líderes de la iglesia. Nosotros debemos hacer lo que se nos ha ordenado si esperamos que Dios haga Su parte.

El Señor Jesús nos invitó a pedir en Su nombre cualquier cosa que deseemos. Esto lo debemos hacer pero sólo el Señor Jesús puede darnos nuestra petición.

Nunca debemos “utilizar” la fe para obtener lo que queremos. No debemos poner nuestra fe en la fe, sino en el Señor Jesús. El Señor es quien nos da nuestra petición. No es nuestra imaginación ni la palabra hablada la que pone en movimiento “fuerzas espirituales” para que traigan la respuesta.

La fe debe ser en el Señor y no en principios espirituales. Debemos clamar al Señor. Las Escrituras no nos aconsejan que intentemos aprender cómo manipular el reino espiritual. Las Escrituras nos dirigen a poner nuestra fe en el Señor y a esperar Su dirección. Este es un enfoque totalmente diferente al de aprender a obrar milagros cuando se ha llegado a comprender cómo funciona el reino espiritual.

La fe en el Señor le da la gloria al Señor. Hacer obras bajo principios espirituales exalta al hombre adámico y lo deja esclavizado al pecado y a la voluntad propia.

¿Alguna vez has definido la fe de alguna de las maneras anteriores que no están en las Escrituras? Si es así, probablemente te hayas dado por vencido en desesperación, sintiéndote un tanto condenado porque “no tienes suficiente fe” para obtener la respuesta. Ninguno de los intentos anteriores para vivir la fe es realmente de lo que la Biblia está hablando.

Las Escrituras prometen gran júbilo al creyente. Uno de nuestros versículos favoritos es el siguiente:

Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. (Salmo 37:4—NVI)

Otro es:

El Señor es sol y escudo; Dios nos concede honor y gloria. El Señor brinda generosamente su bondad a los que se conducen sin tacha. (Salmo 84:11—NVI)

Dios brinda generosamente su bondad a los que se conducen sin tacha.

Sabemos que Dios contesta las oraciones. Aunque quizá tome mucho tiempo debemos esperar la respuesta. En la Presencia de Dios existe alegría plena. Con el tiempo, Él sana todas nuestras enfermedades y llena nuestra boca con cosas buenas. El Señor nos libera de todas nuestras aflicciones.

Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias. (Salmo 103:3—NVI)

La clave para la alegría plena, para las recompensas que esperamos y por las que oramos, es la fe. Quizá hayas aplazado tus esperanzas, o quizá tu corazón esté enfermo. Quizá hayas tenido que trabajar por muchos años en una situación que odiabas. Has confiado en que verías la bondad del Señor en la tierra de los vivos. Esa esperanza ha evitado que desmayes. Pero el tiempo pasa y pasa y no obtienes respuesta.

¿Cómo debemos proceder? ¿Será posible que no sepamos cómo presionar hacia adelante en la fe? Veamos algunos de los comentarios que se hacen en el Libro de Hebreos para ver cómo es que opera verdaderamente la fe en Dios.

Confianza

Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. (Hebreos 10:35—NVI)

La Palabra de Dios hace muchas promesas excepcionales al creyente.

Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración. (Mateo 21:22—NVI)
Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo. Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré. (Juan 14:13,14—NVI)

Quizás algún evangelista algún día nos dijo que el versículo anterior era como un “cheque al portador”. “Sólo tienes que llenar la cantidad.” Lo hicimos y nada sucedió.

¿Por qué no pasó nada? ¿Acaso la Palabra de Dios no es verdad? ¿Acaso no tenemos suficiente “fe”?

La Palabra de Dios siempre es verdad. El Cielo y la tierra pasarán pero la Palabra del Señor Jesús nunca pasará.

Entonces, ¿cuál es la respuesta?

La respuesta está en que no debemos perder la confianza ya que seremos grandemente recompensados.

En el momento en que pedimos algo en el nombre del Señor Jesús, en ese mismísimo instante, Dios comienza la solución. Las Escrituras no pueden ser cambiadas, ellas son la verdad por toda la eternidad. Si le pedimos a Dios cualquier cosa en el nombre de Jesús, Él lo hará.

Sin embargo, Él no dijo cuándo lo haría, o cómo, o bajo qué circunstancias, o cómo nuestra oración sería refinada para que la respuesta fuera lo que realmente estamos pidiendo, lo que realmente nos traería amor, gozo y paz.

Pero ten por seguro una cosa, si no pierdes la confianza ¡recibirás tu respuesta!

Simplemente no esperaste lo suficiente. Dios sabe el momento apropiado para contestar tu oración pero tú no lo sabes.

Quizá Dios te hable y te sugiera que modifiques o cambies de alguna manera tu oración. Quizá te haga saber que lo que estás pidiendo no te traerá el gozo que deseas y que deberías orar en alguna otra dirección. Si esto te sucede a ti, sigue a Dios. Confía en Él. Si insistes en que Dios haga exactamente lo que tú dices, quizá recibas años de agonía. Dios abre Su mano y satisface los deseos de toda criatura viviente. Si insistes después de que Dios te ha dado una advertencia, quizá no te guste la respuesta.

Frecuentemente sucede que Dios está listo para que alguien muera, pero nosotros gritamos, nos quejamos y le imploramos a Dios que los deje con vida.

Esto no es sensato. ¡Recuerda a Ezequías y a Manasés! Siempre ora “hágase Tu voluntad”. Esta no es una oración pasiva o fatalista, sino que es la oración más poderosa posible. Busca siempre la voluntad de Dios y ora con todo fervor y con toda diligencia en el nombre del Señor Jesús.

Nunca des nada por hecho. Persiste en la oración hasta que sepas que Dios te ha escuchado, hasta que tengas la mente de Dios. No te dejes desanimar fácilmente. Cuántos Cristianos permanecen enfermos porque razonan que tienen “un aguijón en la carne”, o que no son merecedores, o que Dios los está castigando, o que Dios está demasiado ocupado, o que es una alergia, o que es temporada de gripas. ¡Métete a la batalla y pelea por lo que quieres! Quizá alguien te haya convencido a ser derrotado cuando pudiste haber tenido la victoria. No dejes que nadie se lleve tu corona.

Dios te ha ordenado que no pierdas la confianza en Su Palabra. Esto sí lo puedes hacer. Tú no puedes contestar tu propia oración pero sí puedes mantener firme tu confianza. Si sientes que tu confianza se está debilitando, pídele al Señor que fortalezca tu confianza. Él está más que dispuesto a hacer esto.

¡Obtendrás lo que deseas si no te rindes!

Nosotros obtenemos la victoria sobre el enemigo de tres maneras:

Por medio de la sangre del Cordero.

Por el mensaje del cual damos testimonio.

No valorando tanto nuestra vida como para evitar la muerte.

Nosotros debemos andar a la luz de la voluntad de Dios. Si lo hacemos, la sangre del Cordero de Dios, Cristo, continuará purificándonos de todo pecado.

Nosotros debemos alinear nuestras declaraciones de fe con la Palabra de Dios. Dios nos ha hablado en la Palabra escrita universal, y a veces nos habla en privado con un mensaje personal. Debemos mantenernos firmes y con confianza en lo que la Palabra escrita nos dice y también en lo que se nos ha dicho en un mensaje personal. Si así lo hacemos, recibiremos la respuesta de Dios. Así es como vencemos al acusador por el mensaje de nuestro testimonio, nuestro testimonio sobre la veracidad y la fidelidad de la Palabra de Dios.

Si vamos a ser victoriosos, no debemos valorar tanto nuestra vida como para evitar la muerte. Si hay alguna parte de nuestra personalidad o de nuestra experiencia a que estemos aferrándonos desesperadamente, como alguna relación, o nuestra salud, o nuestra vida física, o dinero, o nuestro hogar, o cualquier otra cosa que sea importante para nosotros, el acusador nos insistirá en este punto hasta que nos haga desplomarnos.

Nosotros debemos ceder a Dios todo lo que somos y lo que poseemos. Debemos dar alegremente al Señor todo lo que Él nos pida. Debemos poner toda persona, toda posesión, toda esperanza sobre el altar de Dios. Quizá no recibamos la respuesta a nuestra oración si no le damos todo a Dios.

Si vamos a ejercer la fe debemos confiar en la sangre del Cordero.

Si vamos a ejercer la fe debemos dar testimonio de que Dios habla sólo con la verdad, de que su Palabra es incambiable.

Si vamos a ejercer la fe debemos dejarle todo a Dios, considerándonos a nosotros mismos como crucificados al mundo y el mundo a nosotros.

Hasta que no tomemos acción en estas áreas no podremos entrar en el reino de la fe Divina.

Nosotros debemos no perder nuestra confianza.

Nosotros debemos vivir por la sangre del Cordero.

Nosotros debemos aferrarnos al mensaje del cual damos testimonio.

Nosotros debemos no valorar tanto nuestra vida como para evitar la muerte.

Estas son las cosas que debemos hacer. Dios nos ayudará si se lo pedimos pero Él no las hará por nosotros. Si nosotros somos fieles en hacer lo que las Escrituras nos ordenan, Dios honrará Su promesa de hacer lo que le pidamos en el nombre del Señor Jesús.

Paciencia, Constancia, Perseverancia

Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. (Hebreos 10:36—NVI)

Perseverancia paciente es una de las mayores virtudes de los miembros del Reino de Dios.

Pero la parte que cayó en buen terreno son los que oyen la palabra con corazón noble y bueno, y la retienen; y como perseveran, producen una buena cosecha. (Lucas 8:15—NVI)
Si se mantienen firmes, se salvarán. (Lucas 21:19—NVI)
Él dará vida eterna a los que, perseverando en las buenas obras, buscan gloria, honor e inmortalidad. (Romanos 2:7—NVI)
Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. (Romanos 8:25—NVI)

Hay muchos versículos parecidos a estos en el Nuevo Testamento.

La perseverancia está asociada con el Reino de Dios.

Yo, Juan, hermano de ustedes y compañero en el sufrimiento, en el reino y en la perseverancia [paciencia] que tenemos en unión con Jesús, estaba en la isla de Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. (Apocalipsis 1:9—NVI)

Cuando pensamos en los patriarcas pensamos en la paciencia. La paciencia de Abraham mientras esperaba la Semilla prometida es una de las grandes lecciones de la Biblia. Job tuvo que esperar pacientemente su liberación. José fue paciente en la prisión. Ana y Simeón esperaron pacientemente a Cristo.

La paciencia es un aspecto importante de la fe. Debemos pedir y después esperar pacientemente la respuesta, aferrándonos a nuestra confianza. Debemos sufrir muchas tribulaciones si queremos llegar a nuestra meta. Debemos perseverar si queremos recibir la promesa.

No es fácil ser paciente. No es fácil esperar a que el objeto, o la situación, fervientemente deseado sea obtenido. Somos tentados a idear, a actuar y a responder a nuestra propia oración manipulando y obligando a las personas y a las circunstancias.

Seguir sirviendo en una situación que nos parece demasiado desagradable es difícil y es prueba de nuestra fe. Debemos ser pacientes, como lo fue el patriarca José, mientras la palabra de Dios nos pone a prueba. Debemos aprender la obediencia en nuestra naturaleza interior. Todos los gobernantes de Dios, incluyendo Cristo mismo, aprenden la obediencia por las cosas que sufren.

Continuar pacientemente en alguna obligación detestable es requerimiento de todo santo, de todos los que van a gobernar con Cristo.

El creyente que debe obtener inmediatamente su deseo, que no puede soportar tener sus esperanzas aplazadas, nunca usará la corona de vida y de justicia.

Algunas veces nuestras respuestas llegan con la rapidez de un rayo. Aun antes de que nosotros hablemos, Dios ya respondió. En otras ocasiones, la respuesta a nuestras oraciones toma una eternidad en llegar, o por lo menos así nos parece. Si vamos a obtener la promesa, debemos ejercer la confianza paciente, constante y perseverante de que lo que Dios ha prometido Él definitivamente lo cumplirá.

La paciencia se requiere durante la formación de Cristo en nosotros. La naturaleza de Adán debe servir a Dios pacientemente mientras espera que el Reino se forme en nuestra personalidad. La naturaleza de Adán, con la ayuda del Espíritu de Dios, debe obedecer los mandamientos dados por el Señor a través de Sus Apóstoles.

La necesidad de tener una personalidad de Adán que sea fiel mientras llevamos a cabo la salvación Divina a veces ha sido pasada por alto. Es verdad que el producto final del pacto nuevo no es una naturaleza de Adán salva sino que es una creación nueva formada del cuerpo y de la sangre de Cristo. Sin embargo, para poder llegar al producto final la naturaleza de Adán debe tener integridad.

Si la naturaleza de Adán no tiene integridad es imposible que el Reino de Dios se lleve a cabo en nosotros. La Semilla del Reino debe caer en un “corazón noble y bueno”.

Si nuestra naturaleza de Adán no desea mantener nuestro cuerpo como sacrificio vivo ante Dios, es imposible que la Palabra de Dios llegue a la madurez en nuestra personalidad.

Si la naturaleza de Adán, con la ayuda del Señor, no obedece los mandamientos de los Apóstoles es imposible que nosotros experimentemos la crucifixión de nuestro hombre anterior y la resurrección del hombre nuevo.

Si nuestra personalidad de Adán no se adhiere fielmente a las Escrituras, tanto al Antiguo Testamento como al Nuevo, es imposible que el Lucero de la Mañana, que Cristo, surja en nuestro corazón.

Esto ha venido a confirmarnos la palabra de los profetas, a la cual ustedes hacen bien en prestar atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en sus corazones. (2 Pedro 1:19—NVI)

Si el hombre adámico no continúa pacientemente haciendo el bien, es imposible que nosotros heredemos la vida eterna.

Si nuestra personalidad humana no persevera pacientemente en las pruebas y en las tribulaciones, no llegaremos a poseer nuestra alma.

Los deseos de nuestra carne y de nuestra alma tomarán el control de nosotros y nos llevarán a la destrucción. Perderemos tanto nuestra carne como nuestra alma si les permitimos a ellos que nos gobiernen.

Pues dentro de muy poco tiempo, “el que ha de venir vendrá, y no tardará”. (Hebreos 10:37—NVI)

Hace dos mil años el Señor dijo que vendría pronto. La manera en que Dios considera el tiempo y la manera en que nosotros lo consideramos debe ser bastante diferente. Nuestra idea de lo que significa “no tardará” no es que pasarán más de dos mil años.

Esto nos dice que aunque quizá recibamos la respuesta a nuestras oraciones inmediatamente, también puede ser verdad que la promesa será cumplida hasta dentro de cuarenta años. El tiempo no es el aspecto importante. Dios siempre contesta las oraciones, aunque a veces Él no puede darnos lo que realmente le estamos pidiendo (no solamente lo que creemos que deseamos) hasta que muchos cambios hayan sucedido, y frecuentemente, cambios principalmente en nosotros.

La cosa está en que tenemos toda la eternidad para recibir lo que queremos y para hacer lo que queremos. No hay ninguna prisa. Aunque nuestra carne y nuestra alma clamen gratificación, realmente no hay prisa. Descansemos pacientemente con Dios mientras Él nos prepara una respuesta majestuosamente más allá de cualquier cosa que podamos pedir o pensar. (¡Considera la respuesta de la oración de Abraham para tener un hijo!)

Todas las cosas son posibles con Dios. Tengamos fe en Dios; esperemos en Él pacientemente; obedezcámosle rigurosamente en cada detalle; no desmayemos por temor, por incredulidad ni por cansancio, y a su debido tiempo cosecharemos.

Lo que significa “vivir por la fe”

Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado. (Hebreos 10:38—NVI)

La expresión “el justo vivirá por la fe” se originó en el Antiguo Testamento. El concepto no es original del Nuevo Testamento.

El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por la fe. (Habacuc 2:4—NVI)

Los justos siempre han vivido por la fe en Dios. Vivir por la fe en Dios es seguir a Dios a través de nuestro peregrinaje en este mundo en lugar de confiar en nuestra propia sabiduría y en nuestras propias habilidades.

El no vivir por la fe es “volverse atrás”. Si alguno “se vuelve atrás, no será de mi agrado”.

No debemos volvernos para atrás. Una vez que hayamos echado la mano al arado no debemos mirar atrás. El Señor nos advirtió que si volvemos para atrás no somos aptos para el Reino de Dios. La esposa de Lot miró para atrás.

No siempre es fácil presionar hacia adelante con fe. Pero debemos hacerlo en lugar de echarnos para atrás al enfrentar alguna batalla. A Dios no le agradan aquellos que pierden su confianza, aquellos que no están dispuestos a perseverar, aquellos que se alejan con temor e incredulidad de las presiones de la vida, esperando complacer sus carnes y sus almas.

Los justos viven presionando siempre hacia adelante en fe y en obediencia a Dios. Los justos de todos los tiempos han vivido continuamente en la fe. La Ley de Moisés fue un recurso Divino que tenía la intención de mantener a Israel alejado del pecado hasta que Cristo viniera. Pero la justicia verdadera y duradera nunca le llegó a nadie por medio sólo de la Ley sino que la persona tenía que presionar hacia adelante y mantener su mirada fija siempre en el Señor, ya fuera que el individuo viviera antes del pacto antiguo, bajo el pacto antiguo, o bajo el pacto nuevo.

Lo mismo se aplica hoy. Somos justificados ante los ojos de Dios cuando mantenemos nuestros ojos en el Señor Jesús y conforme avanzamos en Él cada día.

Seguir hacia adelante con la mirada fija en el Señor es un aspecto de la fe de las Escrituras que es extremadamente importante.

Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. (Hebreos 10:39—NVI)

Cuando no estamos avanzando diariamente hacia adelante en la fe entonces estamos retrocediendo hacia la destrucción. ¿A qué se debe esto? Se debe a que la oscuridad espiritual es tan fuerte hoy en día que si no seguimos avanzando hacia adelante en el Señor con nuestras oraciones, leyendo la Biblia, sirviendo, reuniéndonos con santos lo más posible, las aguas sucias del mundo comenzarán a filtrarse en nuestra alma. El proceso es tan lento que ni siquiera notamos lo débiles que nos estamos volviendo. Un día simplemente nos despertamos y nos damos cuenta de que ya no podemos alcanzar la victoria en el Señor.

Fuerzas catastróficas de destrucción, tanto espirituales como físicas, están en todas partes. Sólo la mano de Dios nos protege.

De vez en cuando un creyente se vuelve tan descuidado que se sale de esa gran mano. En el momento en que esto sucede, el creyente es arrastrado por el poder de las tinieblas.

Si vamos a salvar nuestra alma, debemos hacer que nuestra fe y nuestra confianza en el Señor se mantengan fuertes y activas. La fe, por su naturaleza, nunca puede ser abstracta, o sea, nunca puede no estar relacionada a nuestra personalidad y a nuestro comportamiento. La fe se expresa a sí misma en las obras. La fe vive en las obras. Cada día de nuestra vida debemos demostrar nuestra fe mirando hacia Dios en oración para cada pensamiento que pensemos, para cada palabra que hablemos y para cada acción que tomemos. Debemos asegurarnos de estar creciendo en el Señor. Crecemos en el Señor cuando seguimos al Señor Jesús en obediencia cargando con nuestra cruz.

Sólo entonces estamos seguros de que nuestra alma se está salvando.

La salvación es instantánea y también es progresiva. Comúnmente se hace hincapié en el aspecto instantáneo de la salvación. El aspecto progresivo no siempre es comprendido ni enfatizado. De hecho, frecuentemente es rechazado en favor de la “gracia incondicional” o de la “seguridad eterna”.

Algunos versículos de las Escrituras indican que aunque vengamos a Jesús y seamos perdonados en ese momento, nuestra salvación debe llevarse a cabo cada día de nuestra vida. Debemos entrar en el Reino de Dios pasando por mucha tribulación.

Porque sé que, gracias a las oraciones de ustedes y a la ayuda que me da el Espíritu de Jesucristo, todo esto resultará en mi liberación. (Filipenses 1:19)

La palabra “liberación” en este versículo podría referirse a la liberación de Pablo de su encarcelamiento. Sin embargo, el estudio del contexto sugiere que Pablo no se estaba refiriendo a la liberación de su encarcelamiento sino a su liberación en el Reino de Dios.

Recuerda que Pablo siempre tuvo a Esteban en su conciencia y a los otros santos a quienes él había encarcelado.

Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre –no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia– lleven a cabo su salvación con temor y temblor. (Filipenses 2:12—NVI)
Pero la mujer se salvará siendo madre y permaneciendo con sensatez en la fe, el amor y la santidad. (1 Timoteo 2:15—NVI)
Ten cuidado de tu conducta y de tu enseñanza. Persevera en todo ello, porque así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen. (1 Timoteo 4:16—NVI)
Si el justo a duras penas se salva, ¿qué será del impío y del pecador? (1 Pedro 4:18—NVI)

Si pensamos un poco en los versículos anteriores, notaremos que la salvación es un programa en el que participamos durante toda nuestra vida en la tierra. Cuando se habla de que el justo con dificultad se salva, no se está refiriendo a nuestra salvación inicial sino a nuestra salvación que debemos llevar a cabo diariamente. Pasamos por una “prueba difícil” mientras Dios juzga el pecado en nuestra vida. A nosotros nos corresponde mantenernos firmes en la fe mientras la salvación Divina quita el pecado de nuestra personalidad.

Si no balanceamos la salvación instantánea con la salvación progresiva estamos invitando al caos moral a la vida de los creyentes, y esto es exactamente lo que está sucediendo en nuestros días.

Si no queremos ser destruidos, si queremos salvar nuestra alma, entonces debemos continuar diariamente en el discipulado más diligente, en la fe más ferviente. El Libro de Hebreos es una larga exhortación a los Cristianos maduros para que renueven su ahínco en el Señor, recordándoles que si descuidan su salvación, que si permiten que su confianza se disminuya, traerán juicio Divino sobre sí mismos.

En cambio, cuando produce espinos y cardos, no vale nada; está a punto de ser maldecida, y acabará por ser quemada. (Hebreos 6:8—NVI)

Existen numerosas advertencias en el Nuevo Testamento, como el anterior, que son dirigidas a los creyentes en Cristo.

Los justos viven por la fe en Dios en lugar de vivir por la fe en sí mismos o en otras personas. Ellos no confían en la sabiduría humana. Ellos no dependen de la fuerza y del talento humano, ni del dinero. Ellos viven humildemente sobre la tierra en el temor de Dios, siempre buscando la ciudad que tiene cimientos sólidos, el Sión celestial. Ellos son agradables a Dios. Una tierra restaurada será su posesión por la eternidad.

Vivir por la fe es enfocarse en lo invisible

Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. (Hebreos 11:1—NVI)

El Cristiano espiritualmente sano y que se encuentra en crecimiento desea muchas cosas. Si estamos dispuestos a confiar nuestros deseos a Dios, entonces somos salvos por nuestra esperanza de que algún día nuestros deseos serán cumplidos.

Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. (Romanos 8:24,25—NVI)

La Biblia nos enseña que seamos agradecidos a Dios en todo tiempo y que continuamente le hagamos saber nuestras peticiones al Señor. Esto es agradable y aceptable a Dios.

Nunca debemos darnos por vencidos—¡nunca, nunca, nunca!– Cada día debemos mantener nuestras esperanzas en alto, teniendo la certeza de que Dios tiene nuestros tesoros arriba en el Cielo y de que los recibiremos en el tiempo del Señor.

Esta es la fe bíblica y verdadera. Aun no podemos ver nuestras recompensas pero sí las veremos algún día. De esto estamos seguros.

Los Profetas Hebreos no vivieron para ver a Cristo pero ellos hablaron sobre Él con absoluta certeza. En el Espíritu de Dios ellos “vieron” el Reino de Dios, la nueva Jerusalén, ser establecido sobre la tierra. Ellos “vieron” a las naciones convertir sus espadas y sus lanzas en herramientas para el arado, y se regocijaron. Debido a su fe, ellos fueron amigos y siervos de Dios.

El testimonio de los héroes de la fe que se encuentra en la Biblia hace posible que nosotros podamos vencer al mundo, a Satanás, y a nuestra lujuria y voluntad propia. Ahora los patriarcas nos están observando desde el Cielo y se están fortaleciendo conforme obedecemos a Dios y perseveramos a través de numerosas aflicciones y tribulaciones.

Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. (Hebreos 11:3—NVI)

Los científicos esperan descubrir los máximos misterios de la masa y de la energía, pero están condenados a fracasar si sólo utilizan instrumentos materiales y análisis mentales. Por la fe sabemos que toda la energía y toda la materia llegaron a existir conforme Dios habló la Palabra. Lo visible llegó de lo invisible. Nuestra fe nos hace señores sobre la tierra.

Nosotros sabemos la fuente de todas las cosas. También sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes son Sus hijos y que Dios siempre ha gobernado la historia y continuará dirigiendo la historia hasta que todo santo victorioso haya heredado las obras de las manos de Dios. Por la fe sabemos que esto es verdad.

El siervo del Señor está “ciego” y “sordo” a las maneras y a las modas del mundo. Por la fe él puede ver lo que realmente es verdad. La verdad no nos dice que cierta cosa, de tal color, con determinado peso está en algún lugar específico y en un tiempo determinado. Esto no es verdad, es sólo un hecho. La verdad nos dice lo que este hecho significa, lo que realmente significa.

Cristo es la Verdad y es la única Verdad.

La fe como la base del servicio religioso aceptable

Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe de Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. (Hebreos 11:4—NVI)

Como nosotros lo entendemos, la ofrenda de Caín no fue rechazada por haber sido del fruto de la tierra y no un sacrificio de sangre. Las Escrituras no nos dicen esto. No hay ningún antecedente de que las ofrendas de Caín y de Abel hayan sido ofrendas para el pecado y que requirieran de sangre para su perdón. Las ofrendas de cereales eran aceptables bajo la Ley Levítica como la primicia de la tierra.

Si le presentas al Señor una ofrenda de las primicias de tus cereales, ésta será de trigo nuevo, molido y tostado al fuego. Es la ofrenda de cereal de tus primicias. (Levítico 2:14—NVI)

La Biblia dice que la ofrenda de Abel fue más excelente debido a su fe.

Dios nunca ha aceptado ningún servicio religioso en el que el corazón del adorador no estuviera lleno de fe en Dios.

Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo enfatizan que Dios está buscando aquellos que Lo alaben en espíritu y en verdad.

No había ningún problema con la Ley de Moisés misma. El problema surgió cuando los Judíos no agregaron fe a su servicio. La obediencia a la Ley se volvió un ritual que se observaba mientras el corazón se mantenía alejado de Dios.

Porque a nosotros, lo mismo que a ellos, se nos ha anunciado la buena noticia; pero el mensaje que escucharon no les sirvió de nada, porque no se unieron en la fe a los que habían prestado atención a ese mensaje. (Hebreos 4:2—NVI)

En los días de Cristo, los hombres querían los puestos más altos en el Templo. Algún hombre joven podía decir que le debía su servicio a Dios y luego no hacer nada por sus padres. Las especies eran diezmadas pero la justicia, la misericordia y la fe eran descuidadas. Una mujer que se encontrara en adulterio era apedreada sin comprenderla ni tenerle compasión.

Los Fariseos obedecían la ley al pie de la letra pero su corazón estaba alejado de Dios. David comió del pan de la consagración y mantuvo el Arca lejos del resto del Tabernáculo de la Consagración. Estas dos acciones eran contrarias a la Ley de Moisés. Pero David es conocido como un hombre que siempre buscó agradar al Señor en todo y como el “padre” de Cristo.

Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. (Hebreos 11:5—NVI)

Enoc es un ejemplo del servicio religioso aceptable. Enoc vivía bajo la Ley pero también cumplía la intención de la Ley. Enoc amaba a Dios. Enoc andaba con Dios. Dios era el primero en todos sus pensamientos.

Enoc vivió 365 años pero su hijo, Matusalén, vivió 969 años. El tiempo que Enoc vivió sobre la tierra fue relativamente corto porque Dios quiso a este hombre en Su presencia.

Enoc vivió antes del antiguo pacto y del nuevo. Pero él cumplió la intención de cada uno de los pactos viviendo por fe en Dios en lugar de por su propia sabiduría y fortaleza.

Enoc vivió sobre la tierra hace cientos de años, antes del Calvario, antes de la gracia del pacto nuevo, antes de los Apóstoles, antes de los dones del Espíritu. Él no fue uno de los que volvió a nacer por la Vida de resurrección del Señor Jesús. Sin embargo, el Espíritu sostiene a Enoc como ejemplo de lo que Dios quiere decir por “el justo vivirá por la fe”.

El único servicio religioso aceptable que podemos rendir es ofrecer nuestro cuerpo como sacrificio vivo a Dios.

Ejercer la fe es buscar a Dios

En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. (Hebreos 11:6—NVI)

Si queremos acercarnos a Dios con fe, debemos creer que Él existe. Aun la existencia de Dios es cuestionada por muchas dizque naciones civilizadas. Quizá encontraríamos que los nativos de algún país incivilizado no tienen el mismo problema creyendo que existe un Dios.

Sin embargo, el sólo creer en la existencia de Dios no es suficiente para ser de Su agrado.

¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan. (Santiago 2:19—NVI)

La persona de fe es la que cree que Dios recompensa a quienes Lo buscan sinceramente.

Podemos escoger ocupar nuestro tiempo y nuestra energía en la acumulación de bienes materiales o podemos ocupar nuestro tiempo y nuestra energía en buscar el Reino de Dios y Su justicia. Todo ser humano nacido sobre la tierra debe tomar esta decisión porque no podemos buscarlos a ambos simultáneamente.

Buscar el Reino de Dios y Su justicia no significa que dejamos de hacer nuestros quehaceres diarios. Pero significa que las principales energías de nuestra vida están dedicadas a servir al Señor Jesús. Sabemos que estamos sirviendo al Señor Jesús cuando le estamos dedicando diariamente tiempo a la oración, cuando estamos leyendo y meditando en las Escrituras, cuando estamos reuniéndonos con los santos cada vez que sea posible, cuando estamos dando, sirviendo, codiciando los ministerios y los dones del Espíritu y cuando estamos haciendo todo lo demás posible para agradar a Dios. Este servicio no debemos ofrecerlo después de habernos desgastado en el trabajo que tenemos en este mundo sino que Él debe recibir lo mejor de nuestros pensamientos y de nuestra atención.

¿Estás dándole lo mejor que tienes al Señor?

Dios recompensa a quienes Lo buscan diligentemente. Quizá hayamos escuchado esto muchas veces pero aparentemente numerosos Cristianos no son persuadidos por esta verdad.

Los seres humanos somos motivados por la esperanza de una recompensa. Nosotros le echamos muchas ganas a lo que pensamos que nos traerá amor, gozo y paz. Existen muchas razones, incluyendo las enseñanzas falsas de nuestro día, para que la gente Cristiana no esté sirviendo intensamente al Señor. Una de estas enseñanzas erróneas es que todos los creyentes en Jesús reciben la misma recompensa. Otra es que somos salvos incondicionalmente. Una tercera es que el vencedor, mencionado en el Apocalipsis, Capítulos Dos y Tres, es el individuo que ha hecho inicialmente una profesión de fe en Cristo en lugar del creyente que está viviendo diariamente una vida victoriosa en Jesús.

No nos vamos a esforzar con todas nuestras fuerzas para hacer algo al menos de que creamos que nos traerá amor, gozo y paz. Quizá seamos movidos temporalmente por el peligro o por algún incidente para reaccionar vigorosamente sin algún objetivo más que la supervivencia. Pero bajo condiciones normales, el ser humano hará aquello que él crea que le traerá alegría a sí o a sus seres queridos.

Poner en práctica la fe es nuestra manera de dar testimonio del Carácter santo de Dios. Si no tenemos mucha confianza en el amor de Dios hacia nosotros ni de Su fidelidad, o si no creemos que servirle nos traerá alegría, entonces no vamos a planear nuestra vida para que todo lo que hagamos sea un intento para agradar a Dios. Si estamos totalmente convencidos del amor de Dios y de Su fidelidad, y de que servirle nos traerá amor, gozo y paz, entonces haremos cualquier cosa en nuestro poder para complacerlo.

Con esto podemos ver que con nuestra fe estamos haciendo una declaración con respecto al Carácter de Dios. Todas las habladurías religiosas y las creencias doctrinales son de poco valor. Estamos dando un testimonio verdadero de Dios sólo cuando nuestra personalidad y nuestro comportamiento están apoyándose fuertemente en el Señor en todos los aspectos de nuestra vida. Tenemos verdadera fe en Dios cuando creemos que mirar constantemente hacia el Señor nos acercará a los deseos de nuestro corazón. Aguantamos la cruz gracias al gozo puesto delante de nosotros. Esperamos ser recompensados por haber escogido a Dios en lugar del mundo.

Satanás le informó a Eva que Dios no era de confianza, y que si seguía su propia voluntad ella sería feliz. Como resultado de su confianza en la mentira de Satanás han pasado miles de años de agonía y de locura, y de destrucción de personas y de sus ambientes. ¡Y el final no se ve cerca! Todo empeorará aun más hasta que el Señor regrese.

El hombre de fe es aquel que pone toda su confianza en el Señor, el que toma su cruz y sigue al Señor Jesús.

La creencia en ciertas doctrinas y actividades de la iglesia quizá sea de ayuda. Pero el justo vive por la fe inquebrantable en el Señor Jesús durante cada día de su discipulado.

La fe y el temor del Señor

Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. (Hebreos 11:7—NVI)

Todos los Cristianos comprenden que el temor del Señor es el principio de la sabiduría. Sin embargo, la incursión que el humanismo ha hecho en las enseñanzas Cristianas ha quitado el temor del Señor de las iglesias.

El término temor a veces se traduce como “reverencia”. Existe un propósito satánico para esto. El propósito es darles a los creyentes en Cristo el concepto de que Dios no debe ser temido por los Cristianos. Ni siquiera el Tribunal de Justicia de Cristo debe ser temido.

Es hora de que el Señor restablezca el temor a Él en las iglesias. El hombre o la mujer de Dios tanto teme a Dios como lo ama. Noé entró en acción por el temor al diluvio. Dios le aconsejó a Noé que se salvara a sí y a su familia construyendo un arca. Noé tuvo temor de desobedecer a Dios. Él temía las consecuencias. Es tan sencillo como eso.

Observa que el temor que sintió el justo de Noé lo obligó a hacer algo: “Construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe.” La fe de Noé ocasionó que él construyera un arca.

La raíz del error actual es ver la fe como una alternativa al comportamiento de rectitud. Este malentendido ha abierto la puerta para que entre el humanismo en el pensamiento de los líderes de Dios.

Pablo contrastó la fe y las obras.

Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por éstas nadie será justificado. (Gálatas 2:16—NVI)

Existen varios versículos en Romanos que presentan el mismo concepto –el concepto de que la fe en el Señor Jesús es una alternativa a las obras.

Es comprensible que los Gentiles comenzarían a enseñar que nosotros vamos al Cielo creyendo en Jesús, y no por vivir una vida de rectitud y de justicia.

Permítenos ser tan sencillos y tan claros como podamos serlo. El significado que Pablo quiso trasmitir en Romanos y Gálatas es que no podemos salvarnos a nosotros mismos por las obras de la Ley de Moisés sino poniendo nuestra fe en el Señor Jesús. Ningún humano puede complacer a Dios ignorando la provisión que Dios ha dado en la cruz. Dios no puede ser complacido haciendo las obras de la Ley de Moisés ni haciendo las obras buenas de cualquier otro código moral. Dios no aceptará el intento del hombre para ser recto y justo como una alternativa de poner su fe en el Señor Jesús.

¿Estarías de acuerdo en que hemos explicado la posición de Pablo correctamente? Pablo está declarando que no es por las obras de justicia que hacemos por las que somos salvos (especialmente la circuncisión y otros estatutos de la Ley de Moisés), sino por la gracia de Dios operando por la fe en el Señor Cristo Jesús. ¿Estamos en lo correcto?

Entonces, ¿de qué manera está equivocada la enseñanza actual? La enseñanza Cristiana está equivocada cuando concluye de las enseñanzas de Pablo que la creencia en la sola doctrina es lo que nos salva, que nuestras obras no son importantes, que una persona puede tener fe genuina en Dios y permanecer mundano, lujurioso y obstinado.

Si fuera verdad que el comportamiento de rectitud no fuera un aspecto necesario para la salvación Cristiana, entonces el pacto nuevo sería un desastre moral. Dios habría dejado de luchar con el hombre. La pelea se habría terminado. Entonces, los escritos de los Apóstoles serían refranes religiosos sin sentido. Dejen que los Cristianos se relajen. Todos irán al Cielo sirvan o no al Señor.

Es absolutamente cierto que ninguna persona puede darle la espalda al Señor Jesús y agradar a Dios buscando comportarse con rectitud y justicia en su propia fuerza. En primer lugar, todavía estaría cargando la culpa y las compulsiones del pecado en las que nació. Este es un hecho que no se puede negar y no tiene ni siquiera caso discutir la posibilidad de que no fuera cierto. ¡Ninguna persona se puede salvar por sus propias obras de justicia!

Caemos en el error cuando enseñamos que habiendo recibido a Cristo por fe el creyente ahora es un candidato plenamente preparado para el Paraíso. Al creer y enseñar esto no estamos entendiendo la meta ni el proceso de la salvación Divina.

La meta de la salvación Divina es el individuo que vive por la fe en Dios, no para que pueda ir al Cielo sino para que pueda agradar y servir a Dios de manera aceptable. La meta del pacto nuevo es la de crear a personas que sean agradables a Dios. La razón por la que tenemos un pacto nuevo es porque la gente bajo el pacto antiguo no estaba agradando a Dios.

Quizá nadie cuestionará nuestra declaración de que la meta del pacto nuevo es hacernos en la imagen de Cristo y de alcanzar la perfección en la unidad con el Padre.

Ciertamente no podemos cambiarnos a nosotros mismos para hacernos a la imagen de Cristo ni podemos llevarnos a nosotros mismos a la perfección en la unidad con el Padre.

No nos salvamos a nosotros mismos por las obras de justicia. Pero las obras de justicia son el resultado directo de haber recibido al Señor Jesús. Si ninguna obra de justicia sale de haber recibido al Señor Jesús entonces no estamos siendo salvos.

Superficialmente parecería que Pablo estaba diciendo que somos salvos por creer en el Señor Jesús y que nuestro comportamiento tiene poco que ver con nuestra salvación. Esta quizá sea una interpretación atractiva de Romanos y de Gálatas pero es rechazada por otros versículos de los escritos de Pablo.

Uno se puede imaginar lo que debe cruzar por la mente de Pablo, el Fariseo que se esforzó toda su vida por obtener la justicia, cada vez que observa a los líderes religiosos sobre la tierra interpretar lo que dijo como que el recibir al Señor Jesús es una alternativa a la vida de comportamiento justo y recto.

Nosotros hemos hecho de la salvación Cristiana una condición legal. Estamos diciendo que Dios no ve nuestra conducta porque estamos cubiertos por la justicia de Cristo. Esto no nos ayuda para nada en la salvación. Más bien es un recurso temporal, dado por Dios, para que podamos comenzar en el camino de la justicia y de la rectitud, que es en sí la obra completa de la redención. Nosotros hemos hecho de la desviación la carretera principal.

Sin lugar a duda, Dios desea a personas que practiquen la justicia, que amen la misericordia y que se humillen ante Él. El pacto que logre esto será el mejor de los pactos.

Hubo muchos Judíos bajo el pacto antiguo que obtuvieron la justicia practicando lo que Dios había declarado.

Ambos eran rectos e intachables delante de Dios; obedecían todos los mandamientos y preceptos del Señor (Lucas 1:6—NVI)

Pero en la mayoría de los casos, Israel no anduvo en los caminos del Señor. Por ello, Dios nos dio un pacto nuevo, un pacto en el que Sus leyes salen de las tablas de piedra y son escritas en las mentes y en los corazones. Además, Dios ha perdonado libremente nuestros pecados a través del Señor Jesús conforme vivimos en la luz de Su voluntad.

El propósito de Dios con el pacto nuevo es el de crear gente recta e intachable. Si realmente recibimos a Jesús (no sólo haciendo una confesión doctrinal) y vivimos en Él cada día, una creación nueva y recta comienza a surgir. La creación nueva y recta es el Reino del Señor, es la salvación prometida que vendrá al Israel de Dios, a Sus elegidos ya sean Judíos o Gentiles.

Como mencionamos anteriormente, parte del error es haber quitado el temor al Señor. Los traductores, sin basarse en el contexto o en algún léxico razonable, están usando el término reverencia en lugar de temor. La reverencia y el temor son emociones bastante diferentes. La razón detrás del cambio es que si a través del Señor Jesús no podemos ser culpables de comportamiento injusto y desobediente porque Dios nos ve sólo a través de Cristo, entonces no hay bases para sentir temor.

Existen numerosos versículos que advierten al creyente con respecto a su conducta. Pablo nos dice claramente que el Cristiano que continúe tras los apetitos y las lujurias de su cuerpo y de su alma nunca entrará en el Reino de Dios. Esta persona matará su propia resurrección hacia la justicia.

Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. (Romanos 8:13—NVI)
Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. (Gálatas 5:19-21—NVI)

Algunas personas están enseñando que de todos modos heredaremos el Reino de Dios porque la gracia es incondicional. Satanás dice que ciertamente no morirás. Pablo dice que no heredarás el Reino de Dios si continúas en pecado. Matarás tu propia resurrección, la resurrección que esperabas que sería a la vida eterna.

¿Tú que dices?

El temor de Dios es un aspecto muy sano de la verdadera fe bíblica. El creyente que no le teme a Dios permanece engañado. Él no conoce al Señor. Si vamos a ser verdaderos testigos de Dios debemos predicar tanto la bondad como la severidad de Dios.

La fe y la búsqueda

Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. (Hebreos 11:8-10—NVI)

En los días de Abraham había gente muy rica que vivía en palacios elegantes, como por ejemplo el Faraón de Egipto.

Pero Abraham, aunque era muy rico y aunque tenía cientos de sirvientes y una enorme cantidad de ganado, prefirió vivir en la tierra prometida como peregrino y extranjero. Su hogar siempre fue una tienda de campaña.

Quizá la mayoría de los Cristianos de nuestros días, especialmente en las naciones ricas, están demasiado cómodos en el mundo. Estamos haciendo que el Evangelio del Reino sea un medio para tener éxito en el mundo actual. La verdad es que el Evangelio del Reino es una visión del futuro. Debemos poner nuestros tesoros en el Cielo en lugar de en este mundo. Todo santo verdadero es un peregrino y extranjero en el mundo. Si no lo es, no es un hombre de fe, sino que es un hombre de este mundo.

Que el Reino de Dios sea una visión del futuro y no un plan de éxito para el mundo actual debe ser enfatizado en nuestros días. Sin lugar a duda muchos problemas van a caer sobre muchas naciones del mundo debido a los pecados de la gente. Quizá pasemos por persecuciones y quizá tengamos que decidir si aceptamos las bendiciones del gobierno mundial o si nos alejamos y nos unimos con la gente perseguida del Señor. Será mucho más fácil para nosotros en el futuro si desde ahora tomamos la decisión de que no somos de este mundo y de que este mundo no es nuestro hogar. Nuestra ciudadanía está en el Cielo donde está el Señor Jesús y estamos esperando que Él regrese y establezca Su Reino sobre la tierra.

Cuando le estemos pidiendo a Dios que nos otorgue nuestra petición es importante que estemos viviendo como peregrinos sobre la tierra. Si lo que estamos pidiendo es para que podamos vivir felices sobre la tierra sin servir al Señor, entonces no es muy probable que recibamos nuestra respuesta.

Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones. ¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios. (Santiago 4:3,4—NVI)

Abraham contestó el llamado de Dios al dejar lo conocido y entrar en una tierra extraña, la tierra de Canaán. Por el resto de su vida, él vivió como extranjero en un país extraño. Canaán después resultó ser la herencia de Abraham.

Lo mismo es verdad de nosotros en cuanto a que debemos estar dispuestos a seguir por fe a Dios hacia situaciones que sean nuevas para nosotros. Si estamos dispuestos a obedecer a Dios aun cuando no comprendamos lo que está haciendo, quizá nos encontremos en un lugar que más adelante resultará ser nuestra herencia eterna.

Abraham tuvo una visión de una ciudad con cimientos sólidos, una ciudad construida por el Señor. Esa ciudad es la nueva Jerusalén. Nosotros también debemos tener una visión de la nueva Jerusalén, siempre teniendo en cuenta que el mundo actual está pasando. Uno de los peores errores que podemos cometer es ver la vida en el mundo actual como la razón de nuestra existencia. Si así lo hacemos, quizá intentemos hacer del mundo actual un paraíso. Para poder hacer del mundo actual un paraíso deberemos sacrificar nuestra integridad. Deberemos traicionar a otros y de vivir sólo para nuestros propios placeres. Deberemos romper las reglas del juego.

Debido a que Abraham era un buscador incesante de Dios, él y Sara experimentaron un cambio milagroso en sus cuerpos. Un niño nació, cumpliendo la promesa de Dios. La promesa fue cumplida, no sólo porque Abraham creyó a Dios en el principio sino porque buscó a Dios durante veinticinco años hasta que la Palabra de Dios se cumplió.

La promesa de Abraham ha sido cumplida y sigue siendo cumplida conforme miembros nuevos de la Semilla de Abraham (los Cristianos) son agregados cada día. Si estamos dispuestos a creer en Dios hasta que Su Palabra sea cumplida, quizá recibamos su cumplimiento a un nivel como el del fiel Abraham.

Los estériles podrán producir frutos extraordinarios cuando la esterilidad proceda del Señor, y cuando el individuo se mantenga firme en la fe y en la paciencia.

Tú, mujer estéril que nunca has dado a luz, ¡grita de alegría! Tú, que nunca tuviste dolores de parto, ¡prorrumpe en canciones y grita con júbilo! Porque más hijos que la casada tendrá la desamparada –dice el Señor-. (Isaías 54:1—NVI)

Muchas de las obras maravillosas de la Biblia fueron efectuadas por personas que tuvieron que esperar pacientemente en el Señor mientras que la gente a su alrededor atendía sus propios quehaceres sin ningún problema. Abraham, José, Ana la madre de Samuel, y Zacarías y Elizabet, los padres de Juan el Bautista, nos vienen a la mente.

Abraham tuvo que esperar un cuarto de siglo antes de poder tener un hijo. Pero tan grande fue el rejuvenecimiento de su cuerpo que después de la muerte de Sara, él se volvió a casar y tuvo muchos hijos sin ningún contratiempo.

Si tus deseos y tus esperanzas habituales son diferidos por algún periodo de tiempo quizá te ocurra que cuando tu esperanza sea cumplida ésta será extraordinaria –así como fue cierto en el caso de Abraham, y también de Manoa y de su esposa, los padres de Sansón. ¡Vale la pena esperar las promesas de Dios!

Nosotros los creyentes en Cristo debemos ser gente de visión. Debemos fijar nuestra vista en las promesas del Señor y debemos confesar que no estamos cómodos en el mundo actual. Este es el camino de la fe.

Si nosotros fijamos nuestra esperanza en la ciudad de Dios, así como lo hicieron Abraham y Sara, Dios estará complacido con nosotros y heredaremos la Gloria de Dios.

La fe y la obediencia

Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único. (Hebreos 11:17—NVI)

El ofrecimiento de Isaac en obediencia a Dios se mantiene como una de las columnas de la revelación Judaico-Cristiana. Satanás entró en el mundo debido a la desobediencia de Adán y Eva. La Semilla prometida, en quien las naciones de la tierra serán bendecidas, fue prometida después de que Abraham obedeció a Dios en un acto de fe que fue sobrepasado sólo por el Señor Cristo Jesús en Getsamaní.

Dios le prometió a Abraham una semilla. Por fin nació la semilla. Después de que creció el amor de Abraham por este niño, Dios le pidió que se lo regresara.

Aquí tienes uno de los actos supremos del tipo de fe que recibe las respuestas de Dios. Cada uno de nosotros debe siempre estar dispuesto a regresarle a Dios cualquier cosa y todas las cosas que Dios nos pida.

Cualquier relación, cosa, o circunstancia que no estemos dispuestos a rendirle a Dios es un ídolo. A ningún santo victorioso de Dios se le permite tener un ídolo. Debemos amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas. No debemos tener a ningún otro dios a quien alabar.

En muchos casos, Dios no puede darnos los deseos de nuestro corazón porque Dios sabe que si recibimos lo que estamos pidiendo éste se volvería un ídolo.

El Señor Jesús dijo que todo lo que le pertenece a Él le pertenece al Padre, y que todo lo que le pertenece al Padre le pertenece a Jesús.

Esto es lo que Dios desea que sea cierto de nosotros. Cualquier cosa y todas las cosas que poseemos deben ser crucificadas y luego resucitadas nuevamente antes de que sean nuestra posesión por la eternidad. El acto de la crucifixión destruye el control que esa relación, cosa, o circunstancia tiene sobre nosotros.

Algunas veces, el objeto que idolatramos es legal. Esto es difícil de entender para las personas. ¿Por qué querría Dios que yo dejara de desarrollar la habilidad musical que Él mismo me ha dado? La música no es un pecado. ¿Por qué Dios no me está permitiendo seguir el estudio de mi instrumento musical? ¿Por qué no me está permitiendo Dios continuar en mi relación con esta persona? ¿Por qué me está llamando Dios a trabajar en otra cosa? En mi trabajo actual yo puedo hacer mucho más dinero y dárselo a la iglesia.

A veces los sacrificios que Dios nos pide nos parten el alma. Seguramente Dios no me negaría esto que realmente quiero. Dios es un Dios bueno. Dios quiere que yo sea feliz.

¿Qué habrá pensado Abraham durante el viaje de tres días que hizo a Moria con el heredero de la promesa Divina?

Imagínate la preocupación de Abraham por Sara-¡cómo se iba a sentir ella cuando él regresara sin Isaac!

Cada uno de los gobernantes de Dios debe ser probado severamente en el área de la obediencia. No debe haber ninguna oportunidad para una rebelión cuando a los hijos todopoderosos de Dios se les encomiende la vigilancia de la creación.

La obediencia de Abraham vio más allá de la tumba y consideró que Dios resucitaría a Isaac de los muertos. La fe del Señor Jesús penetró más allá del temor inmediato de ser separado de Dios y consideró las promesas a Cristo escritas en la Palabra incambiable. La fe del Apóstol Pablo consideró todo talento y toda habilidad como basura para que él pudiera sólo alardear con respecto a la cruz –en su propia inhabilidad para pensar o hacer cualquier cosa aparte de con Cristo.

La obediencia es un componente tan importante de la fe que podemos referirnos a la obediencia como sinónimo de la fe y a la desobediencia como sinónimo de la incredulidad.

Los héroes de la fe

Isaac

Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. (Hebreos 11:20—NVI)

La fe de Isaac fue como la de una persona llena del Espíritu Santo a quien el Espíritu le está dando testimonio de lo que va a suceder en el futuro. Por la fe, el creyente con experiencia mira hacia el Espíritu de Dios en lugar de hacia las circunstancias físicas para poder comprender el futuro. Los siervos de Dios están ciegos y sordos al mundo actual pero ven y escuchan cada palabra que proviene de la boca de Dios. Ya que el santo sabe lo que le espera más adelante, se prepara adecuadamente.

Las personas que viven por su propia fuerza y sabiduría no tienen este tipo de visión. Ellas caminan en las tinieblas y son sorprendidas. Ellas comen, duermen, juegan, trabajan, se reproducen, dan y reciben en matrimonio, compran, venden, plantan, cosechan; y después llega el diluvio y ésta se las lleva en su ignorancia.

Jacob

Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. (Hebreos 11:21—NVI)

Jacob miró más allá y vio las tribus de Israel. Por la fe Jacob puso a Efraín antes que a Manasés y habló sobre las naciones que serían bendecidas a través de Efraín.

José

Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. (Hebreos 11:22—NVI)

José quería que sus huesos regresaran a Canaán. De alguna manera, José entendió que la muerte física no era el fin de la vida y que en el futuro, una vez más, él estaría en la tierra prometida.

Los restos de José, que los israelitas habían traído de Egipto, fueron sepultados en Siquén, en un terreno que Jacob había comprado por cien monedas de plata a los hijos de Jamor, padre de Siquén. El terreno después llegó a ser propiedad de los descendientes de José. (Josué 24:32—NVI)

La fe verdadera siempre ve más allá de la muerte física hacia la eternidad que está delante de nosotros. Toda esperanza y todo sueño que tengamos tienen que ver más allá de esta vida. Tenemos que darnos cuenta de que nuestra existencia actual es como la de un bebé que aun no ha nacido y que está en el vientre de su madre. Todavía no hemos nacido a lo que será nuestro verdadero hogar. Dios no se avergüenza de llamarse nuestro Dios cuando tomamos a este mundo como algo temporal, como que se está convirtiendo en sólo un montón de basura, y que el maravilloso mundo que Dios tiene para nosotros nos está esperando en el Cielo, y que regresará con nosotros a la tierra en el Día del Señor.

Si ponemos todas nuestras esperanzas en el mundo actual, nunca podremos ser pacientes en el Señor. Veremos que los años se nos van y nos esforzaremos por salir de la prisión en que Dios nos ha puesto.

Desfalleceríamos si no creyéramos llegar a ver la bondad del Señor en la tierra de los vivos. Pero para el santo verdadero, la tierra de los vivos se extiende más allá de la tumba.

Moisés

Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. (Hebreos 11:23 –NVI)

Los creyentes se han preguntado si llegará el día en que tendrán que quebrantar la ley. Los Cristianos han meditado si deben intentar meter de contrabando Biblias en algún país donde es contra la ley hacerlo.

Los Cristianos son gente que respeta las leyes. Ellos desean obedecer las leyes de sus países. Pero hay ocasiones en que a los Cristianos se les requiere que quebranten la ley, y a veces hasta mentirles a oficiales del gobierno, para poder comportarse con rectitud o para obedecer a Dios.

Las parteras mantuvieron vivos a los varones Hebreos, y le mintieron al Faraón, y Dios las bendijo a pesar de que ellas estaban quebrantando la ley y estaban mintiendo. Los padres de Moisés quebrantaron la ley al esconder a su hijo. La Biblia ve la acción de los padres de Moisés como fe en Dios.

Una mentira es una mentira cuando estamos diciendo algo que no es verdad para poder obtener una ventaja personal. Una mentira no es una mentira a los ojos de Dios cuando estamos siendo enfrentados con personas llenas de Satanás y tenemos que mentir para poder salvarle la vida a una persona inocente, como en el caso de quienes en el pasado tuvieron que esconder a Judíos de un gobierno perverso. Dios nos guiará en estas situaciones que son muy difíciles ya que el hombre o la mujer de Dios desea obedecer al gobierno y decir siempre la verdad.

Los oficiales Nazi les recordaron a los Cristianos Alemanes que se les ordenaba en las Escrituras obedecer al gobierno. Algunos quebrantaron la ley y escondieron a personas Judías. La gente Judía correctamente se refiere a ellos como “Gentiles rectos y justos”.

“Debemos obedecer a Dios en lugar de obedecer al hombre.” Pero el Cristiano que se burla de las leyes de su país cuando esas leyes no son injustas y que cree que porque es Cristiano puede estar sobre la ley, pronto será corregido por el Señor.

Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija de faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. (Hebreos 11:24-26—NVI)

Cuando se vuelve necesario, la fe siempre se aleja de los lujos de la civilización y escoge la aflicción. Moisés era uno de los favoritos en uno de los palacios más lujosos que uno pudiera imaginarse –el palacio del Faraón de Egipto. Y sin embargo, Moisés escogió ser identificado con los esclavos Israelitas.

La Biblia nos ordena que toleremos dificultades como buenos soldados de Cristo. En nuestros días los creyentes en las naciones ricas frecuentemente son tolerantes en lugar de duros. La idea de sufrir les desagrada bastante. Algunos pastores y evangelistas quienes adoran su propio estómago se dan cuenta de cuánto temen los “creyentes” cualquier tipo de sufrimiento y de incomodidad. Por esto predican “rapto, rapto, rapto, prosperidad, salud, seguridad eterna, Dios te ama, gracia incondicional, Jesús lo hizo todo y ya no hay nada que tú debas de hacer.”

Satanás sabe que el juicio está por llegar. Él no quiere que los creyentes se preparen para el día malo, así que les dice que no habrá un día malo. Así, cuando llegue el día malo-¡y ciertamente llegará!-muchos creyentes no podrán resistir con firmeza hasta el fin y no podrán ayudar a otros a resistir con firmeza hasta el fin. Este es el motivo de Satanás, y su estrategia ha sido exitosa.

Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza. (Efesios 6:13—NVI)

Observa que Moisés estaba dispuesto a sufrir el oprobio por causa del Señor, considerando tal vergüenza de mayor valor que las riquezas de Egipto. Esto es porque Moisés estaba mirando más allá, hacia la recompensa.

Sólo podemos seguir cargando nuestra cruz si tenemos gozo delante de nosotros. Nuestra fe piensa en el gozo que será nuestro algún día y por este gozo podemos continuar hacia adelante.

Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. (Hebreos 12:2—NVI)

La fe ve más allá de nuestra comodidad actual (si es que vivimos en una de las naciones ricas) y se prepara para la persecución y la tribulación que está por llegar.

Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. (Hebreos 11:27—NVI)

La fe siempre requiere de algún tipo de acción. El capítulo once del Libro de Hebreos es un registro de las acciones que la gente tomó. Las obras de obediencia y de justicia son la vida misma de la fe.

Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta. (Santiago 2:17—NVI)

Moisés mantuvo la mirada fija en el Señor invisible. Nosotros también por la fe podemos perseverar hasta el fin de nuestro discipulado manteniendo nuestra mirada fija en el Señor invisible.

Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. (Hebreos 11:28—NVI)

Cuando Moisés celebró la Pascua él no tenía la Ley para consultarla. Dios le dijo que untara la sangre sobre los dos postes y el dintel de la puerta. Moisés siempre hizo lo que Dios le ordenó, con la única excepción de asestarle un golpe a la roca en lugar de ordenarle que diera agua.

Como dijimos anteriormente, la obediencia es sinónimo con la fe. Los incidentes que se describen en el capítulo once del Libro de Hebreos no representan fe agresiva. No son ejemplos de hombres y mujeres buscando “hacer grandes cosas para el Señor”. Más bien representan actos de obediencia. Dios dio la Palabra y Sus Santos la obedecieron. La fe verdadera es obediencia a la voluntad expresada por Dios, y no un acto de presunción en la que probamos a Dios para ver si Él va a responder a nuestro favor.

Ya que Moisés obedeció a Dios, los Judíos no fueron destruidos cuando el Señor juzgó a los dioses de Egipto. Nosotros también nos salvaremos y salvaremos a nuestras familias si obedecemos a Dios comprendamos o no la razón del mandamiento.

Israel

Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. (Hebreos 11:29—NVI)

Nuevamente tenemos un acto de obediencia. Dios instruyó a Moisés que dirigiera a la congregación a través del Mar Rojo. Debido a la obediencia de Moisés, y a que la gente lo siguió, ocurrió uno de los milagros más poderosos registrados en la historia.

Nosotros opinamos que Dios está listo para hacer en nuestros días milagros aun más estupendos que estos. ¿Estamos dispuestos a obedecer a Dios en cada detalle, sin confiar en nuestro propio juicio? Nosotros pensamos que si Dios puede encontrar personas que le obedezcan fielmente, en el futuro veremos milagros que romperán cualquier récord. La edad de horrores morales está ahora por caer sobre nosotros y Dios está listo para responder con actos tremendos de poder para que la gente de la tierra pueda saber que hay un Dios y que Él está listo para salvar a quien clame Su nombre.

Las murallas de Jericó

Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. (Hebreos 11:30—NVI)

A Josué se le considera uno de los grandes generales de la historia. Sin embargo, la táctica de marchar alrededor de las murallas de una ciudad, tocando una trompeta, y gritando, no derribaría las murallas sin la ayuda del Señor.

Entonces los sacerdotes tocaron las trompetas, y la gente gritó a voz en cuello, ante lo cual las murallas de Jericó se derrumbaron. El pueblo avanzó, sin ceder ni un centímetro, y tomó la ciudad. (Josué 6:20—NVI)

Josué quizá haya sido un general brillante. Sin embargo, cuando estudiamos el Libro de Josué, podemos ver que aunque eran los soldados Israelitas los que tuvieron que pelear, el Señor era quien hacía posible la victoria. Así también sucede con nosotros. Frecuentemente tenemos que pelear con todas nuestras fuerzas, pero sólo en el Señor; y el Señor es quien hace posible la victoria. Sin Él no podemos ganar. Sin nosotros, Él, frecuentemente, no hace nada.

Rajab

Por la fe la prostituta Rajab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. (Hebreos 11:31—NVI)

La fe de Rajab fue como la de un Gentil, alguien que no es del sacerdocio ungido de Dios, que elige ayudar a los santos de Dios.

Siempre ha sido verdad que quien da a un profeta un vaso de agua fresca en nombre de un profeta recibirá la recompensa de un profeta. Nosotros pensamos que en los días que vienen muchas personas que no son salvas serán bendecidas por el Señor y recibirán vida eterna porque habrán ayudado a los hermanos del Señor cuando necesitaron de ayuda.

Rajab había escuchado sobre los actos de Yahweh, el Dios de los Hebreos, por los comerciantes de las caravanas que pasaban por la ciudad. Ella escuchó y creyó. Ella recibió a los dos espías que mandó Josué. Ella desobedeció al rey de Jericó y mintió a los mensajeros por su fe en el Señor de Israel. Ella y su familia se salvaron de la destrucción. Rajab se casó con Salmón, volviéndose un antepasado del Rey David.

Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel, los profetas

¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon al filo de la espada; sacaron fuerzas de flaquezas; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. (Hebreos 11:32-34—NVI)

La historia de Gedeón nos enseña que Dios utiliza a personas aunque estén poco dispuestas. Gedeón tenía miedo de hacer lo que Dios le ordenaba, pero él obedeció después de que Dios le probó que realmente era Dios quien le estaba hablando y la victoria fue asegurada. No es forzoso dar un paso en la oscuridad cuando estamos nerviosos y temerosos. Cuando Dios quiere que hagamos algo siempre se nos permite ponerle una prueba a los espíritus, pedirle a Dios que vuelva Su voluntad tan sencilla y clara para nosotros que podamos andar con confianza.

Si sentimos que Dios nos está dirigiendo para hacer algo, y el sentimiento es acompañado por temor, por un sentido de urgencia o por confusión, debemos irnos más despacio y orar más. Dios puede estar cerca pero Satanás quizá esté intentando involucrarse. No debemos ser perezosos ni desobedientes, ni dejar de orar, ni dejar de reunirnos con santos fervientes. Pero tampoco debemos apresurarnos en el entusiasmo o la confusión, tratando de obligar a las personas o a las circunstancias.

En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz. (Santiago 3:17,18—NVI)

Barac es un ejemplo del individuo que escucha la voluntad de Dios por medio de otra persona, en este caso de Débora, la profetisa. Barac eligió tener fe en la palabra de Débora y gracias a los ánimos que ella le dio se pudo ganar una gran victoria para Israel.

Aparentemente, Sansón no era de un tamaño inusual. En ningún relato se menciona que su apariencia haya sido impresionante por su fuerza. Su fuerza era la del Espíritu Santo. Sansón tuvo un don inusual y lo usó por la fe en el Señor.

Sansón perdió su fuerza cuando le permitió a Dalila que le cortara el cabello, rompiendo con esto su juramento de Nazareo, de consagración al Señor. También es verdad de nosotros que la unción que tenemos será quitada si no nos mantenemos alejados de las prácticas del malvado mundo actual. Aquel que camina en fe debe separarse del mundo, debe ser consagrado como santo para el Señor.

La historia de Jefté es una de las más tristes que podemos encontrar en las Escrituras. Jefté fue echado de su hogar por sus medios hermanos porque su madre era una prostituta. Después fue llamado para regresar a su ciudad porque los Galaaditas necesitaban de un líder para pelear contra los Amonitas.

Jefté aceptó su invitación y le hizo un juramento solemne al Señor que quien saliera primero de la puerta de su casa a recibirlo cuando regresara con el triunfo lo ofrecería como holocausto en el altar de Dios.

Su hija única salió a recibirlo, bailando al son de las panderetas. La hija de Jefté era una persona maravillosa. Su carácter puro se revela en la respuesta que ella le dio a su padre:

– Padre mío—replicó ella –, le has dado tu palabra al Señor. Haz conmigo conforme a tu juramento, ya que el Señor te ha vengado de tus enemigos, los amonitas. (Jueces 11:36—NVI)

¡Qué situación tan triste! Algunos han dicho que el juramento se cumplió simplemente manteniéndose ella soltera. Las Escrituras no permiten esta interpretación.

Cumplidos los dos meses volvió a su padre, y él hizo con ella conforme a su juramento. Ella era virgen. De ahí se originó la costumbre israelita. (Jueces 11:39—NVI)

Su padre “hizo con ella conforme a su juramento”. Él la ofreció como holocausto al Señor.

Jefté creó su propio problema. Dios no le pidió a su hija. Pero el Señor tampoco evitó que Jefté cumpliera su juramento.

La gente que no conoce al Señor, incluyendo a muchos de los creyentes de nuestros días, aparentemente no tiene la menor idea de los Getsemaníes que experimentaron los héroes de la fe. Por esto la enseñanza de hoy es que la hija de Jefté no fue sacrificada sino que simplemente fue obligada a permanecer sin esposo.

Los Cristianos de hoy no pueden comprender como Dios puede permitir que Su propio pueblo experimente un holocausto. Esto es porque sus tesoros están en la tierra en lugar de en el Cielo.

Los Cristianos de hoy realmente nunca han pensado en la agonía del Calvario, en sus hermanos Cristianos siendo comidos por los leones en un coliseo, en los creyentes que han sido quemados por su fe.

Jefté, con toda y su sabiduría al escribirle al rey de los Amonitas, hizo un juramento extremadamente tonto. ¿Acaso no se dio cuenta de que había una gran posibilidad de que sería su hija quien saldría a recibirlo?

Quizá su hija nunca antes había salido a recibirlo. Evidentemente, su casa era grande y llena de sirvientes ya que su hija salió bailando al son de las panderetas –panderetas que eran tocadas por otras personas. Quizá él tenía en mente sacrificar a uno de sus sirvientes –ciertamente no tenía en mente a un animal.

El punto es que los Cristianos del Oeste son indulgentes, sin darse cuenta de cuan severamente tienen que sufrir otras personas, de qué barata es la vida en otros países. Una lectura cuidadosa del Libro de Jueces nos dará una idea de lo rigurosa que es la vida, especialmente de cómo eran tratadas las mujeres. La voluntad de un anciano para sacrificar a su hija para aplacar a un grupo de hombres perversos es un ejemplo.

Miren, aquí está mi hija, que todavía es virgen, y la concubina de este hombre. Las voy a sacar ahora, para que las usen y hagan con ellas lo que bien les parezca. Pero con este hombre no cometan tal infamia. (Jueces 19:24—NVI)

Jefté hizo un juramento de muy poca visión. Dios pudo haber acomodado los eventos para que un perro saliera a recibirlo, o pudo haberle hablado para decirle que cambiara su juramento. Dios no paró los acontecimientos. La tragedia ocurrió. La vida sobre la tierra es difícil y las naciones del Oeste no están emocionalmente preparadas para el holocausto Gentil que está por llegar.

¡No vendrá ningún “rapto” antes de la tribulación para salvarnos del dolor!

Jefté murió unos cuantos años después, sin duda de un corazón roto.

La verdadera fe incluye conocer tan firmemente nuestra ciudadanía en el Cielo que ninguna circunstancia dolorosa sobre la tierra pueda hacernos tambalear.

El Rey David de Israel agradó a Dios como poca gente lo ha hecho. David siempre estaba pensando en Dios, hablando con Dios y escuchando a Dios. Dios estaba en todos sus pensamientos.

Su primera acción como rey fue regresar el Arca del Pacto a Jerusalén. Después de esto, sus pensamientos se ocuparon en la necesidad de una morada para el Señor.

Es sorprendente que un hombre con los recursos materiales de un rey fuera tan humilde de corazón, y tan dependiente de Dios. Absalón, con la ceguera del usurpador, pensó que podría tomar el lugar de David como rey de Israel. ¡Qué tonto! David fue un hombre buscando siempre agradar a Dios en todo. Cuando David gobernó Israel era en realidad el Señor quien estaba gobernando.

David nos enseña que sin importar a cuanto asciendan nuestras posesiones materiales, de todos modos podemos estar plenamente ocupados con el Señor. Después de leer los Salmos pensarías que David era un pobre pastor acampando al costado de una colina en lugar del rey más exitoso de todos los reyes de Israel. David era rico en oro y plata, pero su corazón estaba con el Señor en todo momento.

La fe de David era la fe que se ocupa continuamente en el Señor. Dios ama al individuo que está pensando en Dios y hablando con Dios durante todo el día y hasta llegar la noche.

Ninguna de las palabras de Samuel cayó al suelo. Dios estaba con él en todo lo que hacía. Desde su juventud Samuel fue establecido como profeta del Señor.

En la época de Samuel, el pueblo Israelita estaba comenzando a alejarse del Señor. El sacerdote Elí no estaba sirviendo a Dios como debía hacerlo. El Arca del Pacto había llegado a manos de los Filisteos. La gente clamaba querer un rey, lo cual llevó a su fin el gobierno dirigido por jueces y profetas.

El Rey Saúl nunca tuvo un corazón para Dios. Samuel tenía que tener cuidado con lo que le decía y con lo que hacía ya que Saúl podía matarlo.

Uno de los momentos más importantes de Samuel fue cuando estuvo ante Saúl y lo reprendió por no obedecer al Señor en el asunto de los Amalequitas.

Samuel respondió: “¿Qué le agrada más al Señor: que se le ofrezcan holocaustos y sacrificios, o que se obedezca lo que él dice? El obedecer vale más que el sacrificio, y el prestar atención, más que la grasa de carneros. La rebeldía es tan grave como la adivinación, y la arrogancia, como el pecado de la idolatría. Y como tú has rechazado la palabra del Señor, él te ha rechazado como rey.” (1 Samuel 15:22,23—NVI)

La persona que vive por la fe debe estar lista para representar a Dios cuando las iglesias ya no sean fervientes hacia el Señor. Dios debe tener Sus “Antípases” (en contra de todo) en cada generación. Aquel que va a caminar con Dios debe estar preparado para andar solo. Aquel que debe ser popular o parte de la muchedumbre nunca segará la cosecha rica que le espera al verdadero siervo del Señor.

Uno pensaría que los profetas siempre conocían la voluntad del Señor, que siempre tuvieron todas las comodidades, que eran personas felices y satisfechas siendo los profetas del Señor. La verdad es que los profetas tuvieron que vivir por su fe en Dios. Fueron rechazados por Israel. Hoy en día nos imaginamos que Isaías, Jeremías y Ezequiel fueron considerados los grandes hombres de Israel. En realidad, en ese tiempo, el pueblo del Señor era como la gente de hoy –incrédulo y duro de corazón. Ellos recibían sólo a los profetas del palacio que les decían lo maravillosos que eran y que les prometían toda bendición material y espiritual, aun cuando pecaban y desobedecían a Dios.

Los “profetas del palacio” viven entre lujos.

Jeremías, después de haber recibido la promesa de autoridad sobre las naciones cuando aun era un hombre joven, pasó por muchas penas.

¡Ay de mí, madre mía, que me diste a luz como hombre de contiendas y disputas contra toda la nación! No he prestado ni me han prestado, pero todos me maldicen (Jeremías 15:10—NVI)

¿Te gustaría ser un profeta del Señor?

La fe del profeta es la del individuo que, como José, ha sido elegido para un lugar alto en el Señor, que luego es echado por sus seres queridos y forzado a soportar muchos sufrimientos.

Aquellos que han sido llamados a dar testimonio de Dios deben llegar a conocer al Señor. Llegamos a conocer al Señor conforme somos llevados a través del fuego sin ser quemados; conforme somos llevados por el agua sin ser ahogados. Atravesamos numerosos peligros, numerosas tribulaciones y trampas puestas por el enemigo. Nuestra fe nos lleva hasta la victoria debido a que estamos llegando a conocer la fidelidad y el amor de Aquel que nos ha llamado a ser testigos.

Si somos llamados a gobernar, sufriremos. Entre más alta sea la posición a la que hayamos sido llamados, más profundo será el cimiento de nuestra fe. Nuestra obediencia será probada hasta el último grado. Sólo una fe perseverante en Dios puede mantenernos fieles mientras estamos en el fuego.

Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. (Hebreos 11:35—NVI)

Nuestra fe debe entender el futuro. Nuestra esperanza es la resurrección de entre los muertos. Sin importar lo que suceda en el mundo actual, nosotros al igual que Job, estaremos nuevamente sobre la tierra.

Durante la Era de la Iglesia, la bendita esperanza de los Cristianos ha sido cambiada de la renovación de la vida sobre la tierra a la residencia eterna en el Cielo (quizá debido al resultado de la filosofía del Gnosticismo). Si el creyente ve la residencia eterna en el Cielo como la meta de la salvación, encontrará muy difícil de entender el Reino de Dios. El Reino de Dios está diseñado para la vida sobre la tierra.

Los creyentes de hoy necesitan comprender que con toda palabra que hablan, con todo pensamiento que piensan, y con toda acción que toman le están dando forma a su resurrección, a la renovación de sus vidas sobre la tierra. Nuestra resurrección llegará a nosotros como una túnica que revestirá nuestra carne y nuestros huesos cuando seamos resucitados de entre los muertos. Estamos creando esa túnica ahora con nuestro comportamiento.

El que nosotros estemos ahora creando nuestra resurrección es el concepto central de la redención del cuerpo. Cualquier cosa que sembremos ahora la cosecharemos en la resurrección. Si sembramos para el Espíritu de Dios cosecharemos vida eterna. Si sembramos para los apetitos y las lujurias de nuestra carne cosecharemos corrupción.

Los santos del Antiguo Testamento no aceptaron ser liberados de la tortura porque ellos deseaban una mejor resurrección. Nosotros debemos hacer lo mismo. Debemos enfocar nuestros esfuerzos en nuestra resurrección. Si peleamos la buena batalla de fe recibiremos la corona de la vida y de justicia en el Día del Señor. Si vivimos en los apetitos de la carne mataremos nuestra propia resurrección.

Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. (Romanos 8:11-13—NVI)

Nuestro espíritu ha sido encarcelado en un cuerpo animal con el propósito de probar nuestra fidelidad a Dios. No le debemos nada a nuestro cuerpo a excepción de vencerlo y mantenerlo bajo un control estricto. Si somos tan tontos como para permitirle a nuestro cuerpo animal que gobierne nuestra vida, alejaremos la vida de resurrección que nos fue dada en nuestra conversión y cosecharemos la corrupción de la carne en el Día del Señor.

El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna. (Gálatas 6:8—NVI)

El justo vive por la fe en Dios –la fe de que Dios lo resucitará de entre los muertos, y que entonces recibirá los tesoros que ha acumulado en el Cielo por su obediencia fiel y portadora de su cruz durante su discipulado sobre la tierra.

Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de ovejas y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no se merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. (Hebreos 11:36-38—NVI)

Los santos del Señor siempre han sido, y siempre serán, considerados por los perversos como ovejas para el matadero. También serán rechazados y asesinados por el pueblo mismo del Señor. Todo profeta verdadero es echado fuera por el Israel de Dios.

Los peores problemas y la peor persecución de todos los tiempos están próximos. Satanás está hablando a través del ministerio de hoy. Él les está informando a los elegidos que Dios los ama tanto que no está dispuesto a que sufran.

¿Qué hay de los creyentes que están sufriendo y están siendo martirizados en este mismo instante? ¿Qué hay de los millones de santos de la historia que han sido torturados y asesinados por su fe? ¿Cómo pudimos ser tan ignorantes y estar tan poco informados como para creer tales tonterías? Esta es prueba irrefutable de la entrada del humanismo al pensamiento Cristiano.

Los santos están siendo enseñados que, a diferencia de una multitud innumerable de ovejas del Señor, ellos serán llevados al Cielo en un “rapto” antes de que se les permita sufrir y pasar por incomodidades. El resultado de tal enseñanza es precisamente lo que Satanás desea: gente indulgente llena de amor propio. Todos ellos serán arrasados en la era de los horrores que está por llegar a excepción de que se arrepientan y tengan la voluntad de soportar dificultades como buenos soldados de Cristo.

“Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de ovejas y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados.”

Recientemente se ha enseñado que si tuviéramos fe nunca sufriríamos. Si este fuera el caso, ¿por qué la descripción anterior está incluida en el “capítulo de la fe” del Nuevo Testamento?

Esto es porque la fe verdadera nos enseña a esperar en el futuro una mejor resurrección. Cualquier cosa que nos suceda aquí es importante sólo en cuanto a que nos prepara para una eternidad gozosa con el Señor Jesús.

Nos había preparado algo mejor

Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. (Hebreos 11:39-40—NVI)

Dios bendijo a la gente que hemos mencionado debido a que poseía el tipo de fe que le agradaba a Dios. Aunque todos vivieron bajo pactos anteriores, sus acciones ilustran el significado de “el justo vivirá por la fe”.

Nosotros hemos sido beneficiados por su testimonio. Ahora ellos se están beneficiando de nuestro testimonio conforme nos rodean en el reino espiritual y observan lo que Dios está haciendo en nosotros.

Fíjate como ninguno de ellos “vio el cumplimiento de la promesa”. Ellos están en el Cielo alrededor del trono de Dios pero no han recibido la promesa aun. Aparentemente, la promesa no es llevarnos al Cielo cuando fallezcamos.

¿Qué es lo que Dios nos ha preparado que sea mejor que lo que se les prometió a los patriarcas? Evidentemente no es la vida en el Cielo ya que ellos ya están en el Cielo.

El Libro de Hebreos nos enseña que todavía queda un “reposo especial para el pueblo de Dios”. El reposo de Dios no es la residencia eterna en el Cielo.

Por consiguiente, queda todavía un reposo especial para el pueblo de Dios. (Hebreos 4:9—NVI)

Ese algo “mejor” que Dios nos ha preparado es la “mejor resurrección” de Hebreos 11:35. La esperanza de los santos de todos los tiempos es la resurrección de entre los muertos –el nuevamente estar sobre la tierra en la plenitud de la Vida de Dios, para nunca volver a morir.

Yo sé que mi redentor vive, y que al final triunfará sobre la muerte. (Job 19:25—NVI)
Pero tú, persevera hasta el fin y descansa, que al final de los tiempos te levantarás para recibir tu recompensa. (Daniel 12:13—NVI)
Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. (Romanos 8:23—NVI)

La esperanza de todos los santos es la resurrección de entre los muertos y la vida eterna en el Reino de Dios. Mientras esto no sea comprendido es imposible entender el plan de salvación. El plan de salvación está dirigido para la renovación de la vida sobre la tierra.

Los santos de los tiempos bíblicos comprendían esto. Ahora ellos nos están observando y están esperando la resurrección para que puedan regresar y reinar sobre la tierra.

De ellos hiciste un reino; los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra. (Apocalipsis 5:10—NVI)

Nuestra tierra prometida es, primeramente, el ser hechos en la imagen de Cristo y alcanzar el reposo perfecto en el Padre. Después de eso, nuestra tierra prometida es el dominio sobre todas las obras de las manos de Dios.

De interés especial para nosotros es la resurrección de nuestra carne y de nuestros huesos de su lugar de sepultura y la casa del Cielo con que quedaremos revestidos que han sido diseñadas conforme nosotros, en la voluntad de Dios, hemos sembrado nuestro cuerpo a la muerte de la cruz.

Los patriarcas en el Cielo están esperando que Dios envíe al Señor Jesús de regreso a la tierra para que ellos puedan regresar con Él y recibir otra vez sus cuerpos. Nosotros conjuntamente con ellos resucitaremos en cuerpos inmortales para recibir al Señor cuando Él regrese para asumir Su lugar legítimo como Rey de reyes y Señor de señores. Los reinos de este mundo serán el Reino de nuestro Señor y de Su Cristo.

Verdaderamente, la fe Divina incluye todos los aspectos que hemos mencionado en este texto. Por la fe tomamos parte del Cordero de la Pascua y comenzamos nuestra marcha a través del desierto. Por la fe cruzamos el Jordán y entramos a la plenitud del reposo de Dios –la tierra prometida que nunca ha sido ocupada hasta ahora por la Iglesia Cristiana.

Ahora es el momento. Sigamos avanzando hacia adelante en la fe y en la confianza absoluta para que Aquel que ha comenzado esta buena obra en nosotros la siga perfeccionando hasta el Día de Cristo.

Plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido. (Romanos 4:21—NVI)
Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús. (Filipenses 1:6—NVI)
Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. (Hebreos 12:1—NVI)

(“Ejercer la Fe”, 4152-1)

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